C.H. 1992-2001

 

A mediano plazo se agotaron las entradas por las privatizaciones de las empresas del estado. Estas se habían realizado como parte del pago de la deuda externa que aumentó sustancialmente y la desocupación hizo estragos. Las sospechas de corrupción gubernamental eran moneda corriente, los indultos a militares que habían participado de la dictadura fueron una nota de esta época, al igual que los diversos escándalos que involucraron a personajes del gobierno, por ejemplo en el narcogate, en el asesinato del periodista Cabezas y el caso Yabrán. El partido peronista que había surgido en los 40 con un discurso nacionalista y de “justicia social”, hablaba ahora de relaciones carnales con los Estados Unidos y abandonaba su discurso original: el presidente Menem daba una señal al abrazarse con Isaac Rojas, el militar que había derrocado a Perón en 1955. También fue notorio el estilo mediático de Menem que se mostraba conduciendo  Ferrari o jugando al golf.

Con el Pacto de Olivos, Menem y Alfonsín negociaron la reforma constitucional que permitiría la inmediata reelección presidencial. A comienzos de la segunda presidencia de Menem, la gran devaluación producida en México (Efecto Tequila) afectó seriamente a la Argentina, cuya desocupación trepó rápidamente a casi un 20%. Las sucesivas crisis en Brasil y Rusia agravarían el cuadro. A mediados de la década comenzaban a desarrollarse los primeros piquetes de obreros desocupados en Cutral Có.

El triunfo de la Alianza en 1999 se postuló como la antítesis de la corrupción reinante durante el gobierno anterior. Sin embargo, muy pronto la población se vio desilusionada al ver escenas repetidas: las denuncias de compra de voluntades en el Congreso para hacer pasar políticas de flexibilización laboral (“la Banelco”) fue uno de los casos más resonantes, también la incorporación del personal político del gobierno anterior (por ejemplo Cavallo). En semejante drama no es casual que no fuera la oposición parlamentaria la que pateara el tablero. En efecto, en diciembre de 2001, un estallido popular provocaba la renuncia del presidente Fernando de la Rua, levantando la consigna “que se vayan todos”.

Este fin de ciclo se inscribía en un marco de dimensiones planetarias. El nuevo orden mundial, tras la caída de la URSS, no implicó precisamente un mundo más pacífico. Los años `90 fueron testigos de la  matanza de kurdos en Irak, de bosnios y croatas en Serbia, de tutsis en Ruanda, solo por mencionar algunos casos. El nuevo siglo, por su parte, se abría con el atentado a las Torres Gemelas en New York y la invasión de Irak por los Estados Unidos.

 

 

 

 

 

 

 

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