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La historia del Luna Park no empieza con el Luna Park

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Con cada nuevo aniversario del estadio, la conmemoración del Luna Park a través de la prensa escrita expresa, generalmente, lo problemático de definir un origen preciso. Desde la primera década las publicaciones deportivas hacían notar que la historia del Luna Park no había comenzado con el Luna Park. Entonces, por ejemplo, se buscaban “los inicios” en los tiempos de la Plaza Euskara, un club de origen vasco y en el cual, un comerciante italiano y futuro propietario de una feria llamada Luna Park, había comenzado carrera como administrador. Lo que parece más evidente es que estos orígenes tan poco precisos son, por otra parte, el devenir de una sociedad marcada por un masivo proceso inmigratorio y en la que durante las primeras décadas del siglo XX el espectáculo deportivo se iba organizando con objetivos mercantiles, como un elemento más de modernidad en Buenos Aires.

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Paradoja

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La inauguración del Stadium que llegaría a convertirse en la Meca del boxeo profesional argentino iba a coincidir con el ocaso del primer ídolo que atrajo a este deporte verdaderas multitudes; “el torito” Justo Suarez. Efectivamente, apenas unos días después de que el Luna abriera oficialmente sus puertas al boxeo, en marzo de 1932, sus propietarios auspiciaron la pelea entre Suarez y Víctor Peralta, en la que este último destronó definitivamente al “boxeador del pueblo”. (En imagen observamos a  Peralta al finalizar la pelea, festejando su triunfo, el 12 de marzo de 1932). 

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Aniversario

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Para el boxeo, el Luna se inauguró oficialmente el 5 de marzo de 1932. Hasta entonces, Pace Y Lectoure (sus propietarios) organizaban combates en el Circo Hipodrome y el Parque Japones; en el estadio de River promocionaron peleas desde 1926, en el de Boca Jrs durante 1928, etc. La historia del Stadium es, entonces, un hito dentro de un proceso en el que la practica deportiva se iba convirtiendo en un espectáculo público. Estos espectáculos se comunicaran con otros elementos de la modernidad como  la prensa, la radio y posteriormente con la televisión, alcanzando así un fuerte impacto nacional e internacional. En ese marco “el Luna”, “el lunapar”, “el Palacio de los Deportes” irá construyendo su propio mito, nutrido de otros símbolos e ídolos.

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Adiós

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Paco de Lucía falleció hoy miércoles en México a los 66 años. Su leyenda también formará parte del mítico Stadium de Corrientes y Bouchard. En imagen observamos una fotografía autografiada por él y los guitarristas, John McLaughlin y Al Dimeola, registrando así el paso de su The Guitar Trio, por este escenario, hacia 1996.

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Lunapar

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En Europa y también en los EE.UU., Luna Park era sinónimo de parque de diversiones, de feria de atracciones. En Buenos Aires esta palabra aparece a principios del siglo XX y va asociada al importante proceso inmigratorio. En efecto, durante la década de 1910, el Luna Park era una feria de diversiones de la calle Corrientes 1066, cuyo propietario era un italiano, llamado Domingo Pace. Hacia la década de 1930, el hijo de aquel italiano y su socio, erigieron el Estadio en su ubicación actual, conservando aquel nombre, fijado ya en la atmósfera de la ciudad. Luna Park se iría interiorizado en el lenguaje popular hasta componer una nueva palabra, producto de la trabazón entre unos empresarios del negocio del espectáculo público y un público masivo: “Lunapar”. (Imagen: caricatura de Carlos Nowens, en revista Ring Side Nº 62. Agosto de 1952).

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Un escenario de signos acentuados

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Los torneos de catch del Luna Park fueron desde los años 1930-40, uno de los espectáculos más populares. Algunas publicaciones hacían un seguimiento detallado de las batallas de estos campeonatos. Esas notas iban armando un escenario de signos, en paralelo al ring, a través de un discurso que acentuaba algunos términos en forma sistemática. Una serie de superlativos se articulaban con otras palabras tendientes a simbolizar una identidad colectiva montada sobre una oposición: nosotros/ellos. De tal modo, refiriéndose a los luchadores, aquellos artículos deportivos, componían argumentos como estos: “los hombres más forzudos del mundo, llegaron de todas las latitudes… para probar fuerzas con los nuestros. (Revista Ring Side Nº 62. 15/08/52).

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Palabras

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El oficio y la organización del espectáculo con objetivos financieros, se fue también estructurando en un lenguaje del cual algunas palabras servían para asignar, al potencial público asistente, horarios, precios, funciones. Convertidos en espectadores, aquellos tuvieron que familiarizarse con este lenguaje y aprender a leerlo. Si “Matinee” y “Noche” parecían expresar una aproximación más evidente a los horarios; otros términos como “Vermouth” indicaban una sección comenzada pasada las 18 horas. La palabra “Promoción” podía, como hoy,  buscar la atención de aquellos más sensibles a los valores de los boletos de entrada. Estos vocablos se expresaban en distintos soportes, ya sea en afiches publicitarios en la vía pública o en “la Cartelera”; en los alto-parlantes al interior del estadio, en los programas de mano, o como vemos en la fotografía, en sellos que marcaban los expedientes de la administración y servían para clasificar no tanto al show, como a las diferentes series de público.

Guante y Patín

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Titulares de una nota publicada en la revista K.O Mundial hacia 1969. Se remarca la versatilidad del estadio, dispuesto para los más variados espectáculos. En este caso se trata de dos actividades icono del Luna: el boxeo y las temporadas de Holiday On Ice.

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Canción y pueblo

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Nelly Omar fue también una de las figuras que marcó el escenario del Luna. El estadio que gustaba soñarse “La casa del pueblo” no podía dejar incluir en su historia a la Cantora Nacional, a la voz de “La canción de Buenos Aires” , de “Nobleza de arrabal” y tantos otros trabajos en esos tonos. Debemos agregar algo más, pues a su calidad de representante de las voces femeninas de la canción popular, la acompañó siempre con un compromiso ideológico firme: ya con un siglo de vida andado, cambió decididamente la fecha de su presentación en el Stadium, programada para un 16 de septiembre, por coincidir ese día con un aniversario en que la autodenominada “Revolución Libertadora” derrocó al gobierno de Juan Domingo Perón. Una parte de su historia forma tambien la historia del Luna Park.

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Superproducción

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Boleto del espectáculo “El jorobado de París II”, presentada en el Estadio Luna Park en 1995. Se trataba de una versión musical para teatro, de la novela de Víctor Hugo “Nuestra Señora de París”, realizada por Pepe Cibrián Campoy (libro y letras) y Ángel Mahler (música original). La de aquel año fue una nueva edición de la que se estrenara en 1993 en este mismo estadio. Luego de una gira por la Argentina en 1999,  se la reestrenó en 2006 en el Teatro Opera de Buenos Aires, y en 2007 en el Teatro Cervantes.

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Aparece un Enmascarado

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A comienzos de los `50, una nueva adquisición se sumaba a la troupe de “cachascan”, el Enmascarado que escondía su rostro con una careta de tela. Todo el público quería saber de quién se trataba, por eso alentaban a los adversarios de aquel luchador que intentaban una y otra vez desenmascararlo. Sin embargo, el Enmascarado  siempre lograba salir airoso.

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Cuarto creciente

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Esta vista aérea permite apreciar un aspecto del estadio Luna Park en su primera época, durante 1933, cuando aún no estaba techado. Al año siguiente sería cubierto y contaría con dos nuevos pisos de tribuna.

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Básquet en el Luna

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Básquet en el Palacio de los Deportes, finalizando los años `50. (El Gráfico 11/11/59) Al iniciarse la misma década, el Luna fue la sede del campeonato mundial de baloncesto en el que el seleccionado nacional alcanzó el máximo título.

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Noche de Boxeo

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Noche de boxeo en el Luna Park. Piceda Vs Buides, son capturados en esta imagen, en pleno combate. La fotografía fue publicada por la revista El Gráfico Nº 1099, hacia 1940. 

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Escenario amplio

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La arquitectura del Luna Park, capaz de albergar grandes cantidades de público, y con un amplio escenario adaptable a diversos montajes, ha tornado al Stadium en un foro propicio para el teatro de danza adaptado para multitudes. En imagen observamos el armado de un marco para la presentación de Julio Bocca.

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Carnaval

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Un aspecto del interior del Stadium con la ornamentación y armado de escenario y butacas listos para la celebración de Carnaval a comienzos de la década de 1960. En el centro de la pista, se destaca un automóvil, con cinta y moño, que posiblemente sería sorteado entre los concurrentes al festejo.

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El anillo embrujado

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El Anillo embrujado fue el nombre dado al velódromo construido en el Luna Park, para cada competencia de Seis Días en Bicicleta. El certamen comenzó a organizarse a mediados de la década de 1930 y gozó de una gran popularidad por más de treinta años.  Tuvo un breve reflote durante la década del 80 y un intento más hacia 1999.

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Un forum apropiado

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Programa del Ballet Popular Gregoriano del Cáucaso. Dicho espectáculo venia a continuar las lista de una serie de eventos, danzas y coros como el Festival de la Canción Italiana, el Circo Ringley Bros and Barmum, la Banda de la Guardia Real de la Reina de Inglaterra y los espectáculos de Sinfonía en el Hielo. Todos ellos tenían al Luna Park como marco propicio, desde mediados del siglo XX.

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Estructuras

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Hacia 1934 la empresa constructora Mariani Hnos. levanta el techo del Stadium, que por entonces consistió en una estructura metálica sosteniendo chapas con una serie de quiebres, para provocar tomas de luz natural.

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Visita de ases

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Caricatura de Sandy Saddler (Campeón del mundo, peso pluma) y Archie Moore (Nº1 de los semi-pesados), en la Guía Pugilistica de 1952. Por aquel entonces ambos boxeadores visitaron Buenos Aires.

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El ensueño del Luna

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Desde su inauguración, el Luna Park fue uno de los centros de las populares celebraciones de carnaval. Miles de metros cuadrados de pista dedicados a la fantasía y al ensueño de los disfraces, de las grandes orquestas y de los bailes tradicionales.

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Arco Iris en el Palacio

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Antigua publicidad de Arco Iris en el Hielo, espectáculo anunciado como estreno mundial y prometiendo un despliegue de más de un centenar de artistas en escena, en lo que por entonces el lenguaje denominaba sección Vermouth, a las 19hs.

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Prensa y espectáculo

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Holiday on Ice se fue convirtiendo en uno de los espectáculos característicos de la cartelera del Luna. Desde hace décadas, el evento es anunciado con gran anticipación, difundido a través de diferentes medios de comunicación masiva. Aquí vemos una publicidad en el diario La Nación del 28 de diciembre de 1988. Ese mismo año, los programas más populares de Radio Rivadavia, Radio el Mundo, o los programas televisivos animados por los conductores más reconocidos del momento, como Leonardo Simons o Silvio Soldán, hacían una amplia cobertura del debut de aquel espectáculo sobre hielo, que se realizaría en enero de 1989.

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Esquina de Buenos Aires

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Contratapa de la revista K.O. Mundial (Año 1983). La imagen nos ofrece un aspecto exterior de estadio, en la esquina de Corrientes y Bouchard, donde observamos también el anuncio de Holiday On Ice, espectáculo en cartelera en aquel momento. Al mismo tiempo, la contratapa nos informa sobre los días de la semana en los que habitualmente se observaba boxeo en el Stadium.

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Miniaturas coreográficas

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Publicidad de “Miniaturas coreográficas”, Ballet Estatal de San Petersburgo bajo la dirección de Askold Makarov (Clarín 09/10/94). El título del espectáculo obedecía a que esta compañía de danza clásica, proponía un puñado de pequeñas obras con características similares a las que componen el gran repertorio clásico ruso.

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El duelo

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Alfredo Prada y José María Gatica firman contrato de combate. Durante las décadas de 1940 y 1950, fueron protagonistas de peleas que dividían al país en el Luna Park. En la imagen también observamos a los fundadores y propietarios del Stadium: Ismael Pace (sentado, entre ambos boxeadores) y José Lectoure (de pie, primero desde la derecha).

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Tapa de revista

1972 tapa revista k.o. En su num 485 la revista le dedicó tapa y una breve reseña histórica del Luna y su importancia en el box latinoamericano.

Tapa de la revista K.O. Mundial. En su número  485 dicha publicación, dedicó su tapa y una breve reseña histórica al Luna, con motivo del aniversario de inauguración del Stadium, destacando su importancia en el boxeo latinoamericano.

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Festivalisimo

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Programa de Festivalisimo del Chamame. El espectáculo encabezado por Isaco Abitbol (músico y bandoneonista) y el compositor, Roberto Galarza, proponía repasar los cantos y leyendas del Litoral, entre 1965 y 1990.

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El Show de un cuarto de millón de dólares

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Con las Sirenas, los Aquamaniáticos y la Mujer Mariposa entre otros, la temporada de 1968 inició con el gran espectáculo de Carnaval Acuático, también llamado entonces “el Show de un cuarto de millón de dólares”. Dentro de esta lógica, su carta de presentación recordaba que llevaba más de dos mil presentaciones en las principales ciudades de Estados Unidos antes de desembarcar en el Luna de Buenos Aires.

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Cosas del Luna Park

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Humor gráfico en la revista Ring Side Nº 60 (01/08/1952), aludiendo al stadium Luna Park. La nota también expresa un aspecto de la incidencia del negocio televisivo en los espectáculos de boxeo.

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Palacio de los deportes… y de los grandes espectáculos

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Publicidad del estadio Luna Park que expresa la variedad de espectáculos y eventos deportivos como una marca característica de la empresa. Fue publicada en la revista Ring Side Año IV, Nº 126, Enero de 1954.

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Por siempre Sandro

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Afiche de promoción  del espectáculo “25 años de Sandro”, realizado en el Luna Park. El repertorio incluyó temas característicos de su carrera, como “Rosa, Rosa”; “Quiero llenarme de ti”; “Así”; y otros más a tono con el contexto histórico del momento como “Después de la guerra”.

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Danzas populares

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Tapa del programa de Danzas populares de Polonia- Mazowsze. El espectáculo se componía de una cantidad de representaciones como “Rueda Rueda”, danzas de casamiento, que abría la fiesta y en la cual  los hombres y las mujeres jóvenes  bailaban en señal de respeto a los convidados más ancianos. O “Recolección de uvas”, un baile típico que celebraba la cosecha.

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Doble aniversario

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Contratapa de la Guía Pugilística de 1972, evocando el 40º aniversario de la inauguración del Stadium Luna Park. La Guía celebraba además su propia conmemoración, dado que había comenzado a publicarse aquel mismo año de 1932, dirigida por Simón Bronenberg y José Cardona.

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Adiós Moscú

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Celebraciones y agasajos a los artistas del Circo de Moscú, uno de los espectáculos más nombrados en la cartelera del Luna Park y siempre anunciado como un show para la familia. En imagen se observa la celebración de despedida de los integrantes del gran circo soviético.

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Agasajo

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Agasajo al crítico de boxeo y director-propietario de la famosa revista The Ring, Nat Fleischer, con motivo de cumplir sus bodas de oro con el periodismo. En la fotografía posa junto a Luis Ángel Firpo, apodado “el Toro Salvaje de las Pampas” (derecha) y el director del Luna Park, Ismael Pace (izquierda).

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Exhibiciones mundiales

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El 15, 16 y 17 de agosto de 1986, los gimnastas del equipo olímpico de los Estados Unidos, bajo la dirección de Francis Allen, Art Shurlock, Mark Lee, Roe Kreutzer y Tom Mc Carthy, se presentaron en el Stadium Luna Park.

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Campeones de Ebano

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Anuncio de la llegada de los Harlem Globe Trotters al Stadium. Se los presenta como los “Campeones de Ebano”, titulo de la película protagonizada por aquellos deportistas, a comienzos de la década de 1950.

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Cómodo y monumental

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Publicidad en la revista Ring Side Nº45 (18/04/1952). La misma anunciaba las reformas arquitectónicas que se estaban llevando a cabo en el Luna y que cambiarían su fachada dándole un estilo moderno, aunque sobrio. En la fotografía se observa entonces el aspecto del antiguo estadio; y en la imagen superpuesta, los boxeadores Ubaldo Pereyra y Mario Díaz, próximos a protagonizar un combate en el ring de Corrientes y Bouchard, contemplan el plano de las mejoras edilicias.

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Espectáculo olimpico

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Programa de la presentación en el Luna del  Seleccionado Rumano de Gimnasia. La figura del espectáculo fue entonces Nadia Comaneci, quien llegaría a conquistar nueve medallas olímpicas y una cantidad de títulos en su disciplina. La ocasión fue propicia además para la actuación de los gimnastas del seleccionado nacional.

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El Demonio del Catch

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A principios de la década de 1950, el armenio Karadagian -figura del agárrese como pueda– era también apodado el Demonio del Catch. Sus expresiones de “víctima” cuando se veía acorralado por el adversario contraponiéndose a su gesto furioso cuando el contrincante caía bajo sus 116 kg, hacían que el espectáculo pasara de la risa a la cólera en pocos segundos.

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Un himno

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Presentación de Mercedes Sosa junto a otros artistas populares como León Gieco y Victor Heredia entre otros, en el clima de vuelta de la legalidad democrática y pos guerra de Malvinas. La letra del tema “Solo le pido a dios”,verdadero himno de esta época,  acompañaba el programa de mano del espectáculo.

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Resplandor y Lujo

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Programa de Holiday On Ice, celebrando su 40º aniversario de presentaciones en el estadio Luna Park. El espectáculo estuvo compuesto por dos partes en los que se rememoraron danzas nacionales y clásicos de la literatura como Romeo y Julieta, etc. El final titulado “Resplandor y lujo” fue protagonizado por todas las estrellas y el cuerpo de baile de Holiday on Ice.  

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Reorientación de carteleras

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Finalizando la década de 1980, las actividades extra-boxísticas iban ganando la cartelera del Luna Park. Para 1987, año en que se realiza en el estadio el campeonato mundial de bochas, el gimnasio del Luna, desbordado hasta entonces de pugilistas profesionales o no, cierra sus puertas, al tiempo que las veladas de box de entresemana, se reducirán a solo algunas reuniones televisadas.

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Variedades

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La promoción de los espectáculos debía difundirse masivamente. Uno de los canales para esto era (es) la gran prensa. En imagen vemos una maqueta de aviso, presentando a Krasnciarsk, un ballet folklórico siberiano. El anuncio es dirigido a la sección “variedades” dentro de las páginas de espectáculos; y lleva además alguna indicación, como la de cambiar el título de la publicación, una vez producido el debut.

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Pueblo

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Tapa del programa de mano del concierto de Horacio Guarany. Un año antes (1984) el cantor santafecino había realizado otro de sus grandes sucesos en el mismo estadio. Si bien su carrera profesional comenzó en 1949, su llegada al Luna puede ser entendida como un mojón en la trayectoria recorrida desde sus inicios cantando en los “boliches” de su pueblo.

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40º aniversario

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Los Harlem Globetrotters regresaban al Luna para conmemorar su 40º aniversario en este estadio. La celebración consistió en un partido disputado con los Boston Shamrock. Los árbitros fueron Roy Keval y Tim Merrigan.

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Sinfonía británica

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Juan Carlos “Tito” Lectoure señalando el afiche que anuncia la presentación de la Banda de la Guardia Real Británica, en el Stadium Luna Park.

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Pocho Laudonio

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Juan Carlos “Tito” Lectoure, junto a Abel Laudonio, en el gimnasio del Luna. En 1958, Laudonio había ganado el título sudamericano en Lima. Luego en 1960, en Roma, perdió el título olímpico, pero se llevó la medalla de bronce. Sin embargo, la hazaña por la cual más sería recordado ocurrió el 14 de noviembre de 1964, cuando Abel Laudonio le sacó el Título Argentino a Nicolino Locche en el Luna Park. 

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El boxeo, una industria cultural

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La organización del boxeo, como práctica profesional y con objetivos financieros, también se ha desarrollado como una industria cultural durante el siglo XX. En Buenos Aires la historia del Luna va asociado estrechamente a ese fenómeno y nos permite observar como aquella actividad deportiva iba siendo significada por conceptos previos, según los cuales antes de que cada boxeador subiera al ring, el combate ya era anunciado como “pelea sensacional”; o por ejemplo se exigía que los pugilistas “den el espectáculo” que de ellos se esperaba. Las publicaciones editoriales especializadas también se incluyeron como dispositivos de esta industria: así, en la década del `50 (decenio en que por primera vez un pugilista argentino alcanzó un título mundial), una carta expresa el agradecimiento a Anthony Petronella, Jefe del comité de Clasificaciones de la National Boxing Asociation, al incluir a de Castro y de Gonzalez en el Ranking Mundial. La televisión ha complejizado aún más la cuestión, dejando en evidencia que las fechas para montar los combates se arreglan además en relación a los tiempos que determinan las empresas de TV.  Pero entre estas conceptualizaciones previas, uno de los casos más resonantes se dio a finales de los años `80, cuando el pugilista Martín “Latigo” Coggi, que a la sazón viajaba a disputar un combate en Italia, era vendido en ese mercado a través de una campaña publicitaria que lo mostraba como el hijo prodigo descendiente de inmigrantes, que volvía a la madre tierra (Diario Popular 09/08/87).

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Memoria y gestos

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El número vuelve a ser una cualidad del estadio, esta vez en un acto que la Confederación Nacional del Magisterio realiza en el Luna, para “honrar la memoria de Sarmiento”. Entonces leemos que “un público numeroso desbordaba el amplio Luna Park.” (Clarín 12/09/45)La descripción del uso dado a tal espacio, nuevamente  nos muestra un ritual en el que la palabra y la consigna tienen un lugar destacado:“leyendas alusivas y recordatorios del insigne prócer adornaban la sala”. Parece una constante la participación de ciertas individualidades que se conjugan con otro sector (la muchedumbre, el público) presentado de manera más anónima. Sin embargo cada acto posee también su particularidad:  la presencia del embajador de Estados Unidos justamente en un acto de homenaje a Sarmiento podía significar esto.

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Espectáculo y política

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El Luna también fue uno de los sitios físicos en que se desarrollaron diferentes manifestaciones políticas. Hemos visto que desde el lado de los propietarios del estadio, la actividad inmobiliaria era una de las formas de intervenir en los negocios del espectáculo, a través del alquiler de la sala, sin importar demasiado el color ideológico del inquilino ocasional. Esta versatilidad del Palacio hacía que su nombre aparezca en distintas secciones de la prensa. Las palabras Luna Park no figuran solamente en la página de espectáculos, como anuncio pagado por la misma empresa para publicitar, por ejemplo, el cacht, sino que también pueden aparecer en la sección política, como por ejemplo ocurre en el Clarín del 9/9/45: Ayer se realizó en el Luna Park el anunciado festival en beneficio de las libertades democráticas”. En este caso se trataba de un acto del Partido Comunista, cuyo lenguaje va anunciando la sintonía con los frentes populares de la época, conjugados tras una democracia formal con pluralidad de partidos que se expresaría en 1946 con la Unión Democrática. En ese camino el Luna era un lugar adecuado no solo para convocar a la multitud (“Al comenzar la función una crecida concurrencia llenaba las distintas localidades, dando muestra de gran entusiasmo”), sino que tras lo que podría parecer una disposición  meramente ornamental del espacio, se componía un terreno cargado de gestos sociales: Sobre el escenario, leyendas. Una de ellas decía: “La libertad no se otorga; es una legítima conquista y corresponde al pueblo”.  Al mismo tiempo la presencia de una cantidad de figuras del cine, del teatro y de la música podría ir en el mismo sentido: “el actor Ángel Magaña actuaba de locutor, presentando a los actores  y leyendo las  adhesiones que llegaban.  Entre muchos otros, actuaron… la orquesta de Pugliese, el actor Marcos Caplan, la Caravana del Buen Humor… y la cancionista Libertad Lamarque. Y una comisión de actrices cinematográficas que integraban las señoritas Nury Montse, Amelia Bence, Zully Moreno, Carmen Valdez, Alita Roman, Elena Lucena, Juana Sujo y Elina Colomer….”  Así el Luna Park se nos aparece como un claro producto del siglo XX, una arena para celebraciones públicas que enreda el ritual y el espectáculo y las leyes de la moderna economía.

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Guerra mundial de clichés

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Ya hemos mencionado anteriormente la popularidad de la que gozaba el catch, entre la década del 30 y la del 50. La caricatura expuesta nos habla de “Hinchas del catchascán” (Revista Ring Side, 1952) Hemos mencionado además que ni sus organizadores, ni los organismos públicos controladores, lo consideraban un deporte, sino que más bien lo asociaban al espectáculo circense. Otra pista: las carteleras de la gran prensa que agrupan a los diferentes shows en catergorías distintas (a saber: Teatro, Cine, Excursiones, etc.), ubicaban al catch en el rubro “Variedades”. En el Clarín del 07/12 de 1948, la misma columna es ocupada por el Circo Sarrasani, el Circo de los Hnos. Rivero, el “Vale Todo” en FF.O y los “5 combates en el Luna Park”. Se dibuja una cartografía del ocio sobre el centro de la ciudad, así al Luna de Bouchard y Corrientes, sumamos, por ejemplo, el mismo Circo de los Rivero ubicado en 9 de Julio y Córdoba. El calor de diciembre obliga a ofrecer algo más que entretenimiento para atraer público, pues dos de los anuncios aclaran o bien poseer refrigeración o estar ubicados en “el sitio más fresco de la capital…”  En cuanto catch, ya, en su Mitologías, Roland Barthes lo analizaba como una escenificación de la justicia, de “los buenos” contra “los malos”. Lo que observamos en el del Luna de aquellos años (de entreguerra y posguerra mundial) es una construcción de los personajes a partir de clichés “nacionales”, en una ciudad cimentada por la inmigración. El Clarín del 9/12/48 ofrece una lista de los enfrentamientos en el Stadium: ¡¡Esta Noche!! el argentino, Aldo Bogni vs el arabe, Alí Bargach; el chino Fu Long vs el inglés, Capitan Jack, favorito del público femenino

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Piñas y sufragio

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El entusiasmo popular era un capital significativo en la nueva sociedad de masas; y los dirigentes políticos buscaban estrategias que los acercaran más a la población de votantes. En ese contexto quizá deba inscribirse la ordenanza de la ciudad de Bs. As. que, en 1924, reglamentó al box. Hasta entonces la práctica profesional de este deporte era prohibida en la capital, al considerárselo como “un acto salvaje propio de personas incultas”. La brillante campaña de Luis Firpo en los rines de Norte América, desde 1922 “vulgarizó un sport que era solo adorno para círculos privilegiados”. Anibal Imperiale del diario Crítica iba al quid de la cuestión: “y como lógica consecuencia los políticos resolvieron prestar su apoyo [al boxeo], avizorando el fecundo resultado en los próximos comicios electorales”. Eran los primeros gobiernos surgidos de la ley Saenz Peña. En cuanto a la campaña deportiva de Firpo se había iniciado en 1917 y continuó en 1922 con su viaje a los Estados Unidos, donde se impondría categóricamente ante sus adversarios. Ese éxito le permitiría disputar el campeonato mundial, el 14 de septiembre de 1923, contra el León de Utah, Jack Dempsey. Aunque el argentino sería vencido por KO en el segundo round, logró tirar del ring a su coloso contrincante, en el primero. Unos meses después una ordenanza de la ciudad de Bs. As. reglamentó el box y el pugilismo multiplicó su actividad: producto de ese periplo será también el Stadium Luna Park. (Imagen:  A la izquirda, José Lectoure atendiendo como técnico a Luis Angel Fipo, en el banquillo)

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Termómetro de la popularidad

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Los eslóganes del estadio siempre gustaron remarcar al Palacio como arena de las figuras más populares. En el campo deportivo ya, por ejemplo, desde los años `30, los combates del “Torito”, Justo Suarez. Pero también la presencia de personalidades de la música, como Troilo o Canaro. El caso de Gardel es aún más paradigmático, dado que su propio funeral adquiere connotaciones espectaculares frente a las multitudes que se agolpan en el local de Corrientes y Bouchard, al punto de impedir el paso de parte de los instrumentos de la orquesta que haría el homenaje al difunto. Es cierto que con el abandono del boxeo como actividad principal, se hace más claro que se trata de una empresa que interviene en la industria del espectáculo a través del negocio inmobiliario, alquilando la sala para tales eventos. Pero aun así, el Luna funciona también como un termómetro de la popularidad alcanzada por algunas personalidades: más cerca de nuestro tiempo (año 2000), el cuartetero Rodrigo, defendió su posición con 13 Luna Park (de tal modo titulaba la gran prensa). Así también ocurrió con algunos pioneros del Rock local, de los 70. Por ejemplo la banda El Reloj, que hacia 1976 había incrementado su popularidad con un trabajo más sinfónico, colma dos Luna Park, antes de separarse tan solo un año después.

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Bicicletas, cigarros y hojas de afeitar

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Los embalajes y sprints, eran momentos especiales en las jornadas de ciclismo: siendo los minutos de mayor afluencia de público, eran el tiempo indicado para los avisos comerciales. Las firmas avisadoras ponían una cantidad de dinero que formaba el premio, nominado como la empresa que hacía “el aporte” y por el que disputaban los corredores. Se trataba de marcas de mercancías que, suponemos, pudieran ser consumidas por los espectadores de los Seis Días. Así encontramos una multiplicidad de artículos disímiles, formada por cigarros, restaurantes, casas de baile, hojas de afeitar, etc.  Pero se sumaban además entre aquellos anuncios, los de ciertas instituciones civiles (por ejemplo el Racing Club), o militares (como la Fuerza Aérea Argentina) que también intervenían. En las listas igualmente se agregan nombres de algunos artistas de la época, casi siempre respaldados por alguna empresa radiofónica. Es el caso por ejemplo del guitarrista y compositor, Oscar Aleman (intérprete asimismo de canciones muy populares por entonces, como “Bésame mucho”) , a cuyo nombre se le añade “(Radio Splendid)”. Se trata entonces de una concatenación de capitales, procedentes de las más heterogéneas ramas de la producción y el comercio, intervinientes en el negocio del deporte y el espectáculo. Al mismo tiempo vamos reconstruyendo el ambiente social del que forma parte el Luna de los `40, su público, su consumo material y simbólico.

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Porteño cabal

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Francisco Canaro fue una de las figuras que más conoció el Luna, dadas la cantidad de ocasiones en que su presentación animó Carnavales u otros espectáculos. Su huella también queda registrada en la composición de letra y música de “Luna Park”, una marcha que además de recordar los nombres de los ídolos de boxeo, desde Firpo a Gatica, ubicaba al estadio en un ambiente histórico específico: “Buenos Aires, la reina del Plata, del deporte glorioso y triunfal, sos la cuna de bravos campeones que nacieron en el Luna Park.” . Se reconstruía un trayecto: “yo recuerdo a tu viejo” (es que hasta comienzos del `30, el Luna Park era una feria de diversiones instalada en un baldío de Corrientes 1066). Y aunque su ring fuera elevado a la categoría de ventana internacional (“tu prestigio de estadio es de fama mundial”), su particularidad estaba en en ser “porteño cabal”.

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La primer pelea y el primer Luna Park

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Durante la década de 1910, el Luna Park era una feria de diversiones de la calle Corrientes 1066, cuyo propietario era el italiano Domingo Pace. Por entonces “el Luna” ofrecía festivales, bailes de carnaval y espectáculos de teatro al aire libre en las que actuaban figuras como Pepe Arias. El boxeo profesional estaba prohibido aún en la ciudad, pero evidentemente allí ya se realizaban algunas exhibiciones. Daniel Pericoli, un hombre que  luego estaría a cargo del gimnasio del Stadium, alguna vez recordó: “yo fui el primero que peleó en el Luna Park. En el antiguo, el que estaba en Corrientes y Carlos Pellegrini. Fue… a fin de la década del 10, por ahi. Hicimos una exhibición con José Esperanza” (Olé 10/07/02). Era una actividad en la capital, todavía no estaba formalmente organizada como negocio. Pero ya había alguna tendencia a ello: “saltó un tipo -recordaba Pericoli- que nos quería dar mil pesos para hacer la revancha” 

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¿Abolir el boxeo?

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Desde la década del 20 quienes serían fundadores y propietarios del Stadium Luna Park, actuaban como promotores de boxeo. La llamada Pelea del Siglo (1923), que tuvo como protagonista a Firpo, creó un clima de ansiedad colectiva en Buenos Aires que rompió con la prohibición que pesaba sobre la práctica profesional de aquel deporte en la ciudad. Con ello se abría también el juego a los managers y match-makers que organizaban financieramente las exhibiciones y a los muchachos que empujados por la crisis, se calzaban los guantes para tratar de escapar de la miseria. En ese contexto crecería el Palacio de los Deportes. Las ideas de “abolir” el boxeo, descontando algunos proyectos de ley de la década del 60, volverían con fuerza a finales de 1980. Tito Lectoure, por supuesto  vinculado fuertemente al pugilismo, se declaró en la Cámara de Diputados, en contra de los “enemigos del boxeo” (1988). Pero la ausencia de combates en el ring del Luna, obedecía a una fuerza mucho más poderosa que una norma escrita: ese mismo año solo 5 sábados y algunas reuniones televisadas, serían destinados al boxeo, el resto del calendario lo ocupaban actividades extra-boxísticas, musicales, etc. Ya por entonces la prensa deportiva rumoreaba el cierre del gimnasio del Luna por la “magra productividad” de ese tipo de exhibiciones.

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Los talleres del palacio

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El estadio ha sufrido una serie de reformas arquitectónicas a los largo de su historia. Entre las más destacadas cabe mencionar una que trasformó más visiblemente el paisaje de la ciudad desde los `50: la construcción de la recova sobre la avenida Madero. Por supuesto que aquellos cambios no buscaban simplemente un retoque estético del Palacio, sino algún tipo de beneficio productivo como podría ser atraer más espectadores ofreciendo mayor confort (por ejemplo con los distintos métodos de calefacción que se sucedieron), o creando más espacio. Es lo que posibilitaron aquellas recovas, sobre las que se obtuvieron once escalones más como prolongación de la tribuna, lo que significó un incremento de 2.000 asistentes. Ahora bien, algo que quizá no todos sepan, es que esta maquinaria, que es el Stadium, cuenta con talleres propios: allí, por ejemplo, sus trabajadores realizaron una plataforma para colocación de butacas (de 27 mts. de frente por 36 mts. de fondo, con una pendiente de 10 cm. por metro y estructura metálica), que puede ser montada y desmontada, y estibada en un depósito. Esto permite transformar rápidamente el  auditorio para diferentes tipos de shows en un mismo día. De tal modo, se reducen tiempos muertos, y se genera una mayor versatilidad del espacio ofrecido a los productores de espectáculos.

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Un escenario natural y social

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La vida del estadio no está abstraída del contexto más general del que surge y en el que actúa. La “topografía”  de la cual forma parte, enreda cualidades tanto naturales como sociales. Entre las primeras, el clima fue desde el inicio, de las más preocupantes para los propietarios, pues las noches invernales trasladaban los espectáculos a otros locales o suspendían los combates, hasta que al fin techaron el Palacio en 1934. Otras veces la crudeza climática podía ser una oportunidad: en enero del `58 el Luna estrena su propia pista de patinaje con “Carnaval en el Hielo”, y así el Stadium podía ofrecer no solo un evento de danzas, sino un refugio refrigerado al agobiante verano, a cambio de un par de billetes (las Populares arrancaban en $15). Los  bordereaux registran también otros tipos de climas, no menos importantes para los hombres de negocio: el clima social. Por ejemplo, el 21 y 22 de febrero del 61, las tablas de “Arco Iris en el Hielo” marcan tiempo “Bueno, calor” y “Bueno”, sin embargo registran también una “Huelga de transportes”, lo que pudiera explicar una sensible baja en la concurrencia. En todo caso son senderos por los cuales avanzar en la comprensión de este ambiente social del cual el Luna forma parte.

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La réplica

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La temporada 1961 había comenzado con “Arco iris en el Hielo”, ofreciendo astutamente un sitio fresco a una Buenos Aires derretida por enero.  Estando aún aquel espectáculo en cartel, se vendía ya un festival protagonizado por cantantes europeos. Según la prensa, se trataba de una réplica del de San Remo, un centro turístico italiano que servía de marco para la presentación de una serie de intérpretes de  “canciones populares”. Dentro de ese rubro se anunciaban figuras con características diferenciadas: desde Claudio Villa “alto representante de la escuela Conservadora”, hasta Miranda Martino “producto de la novísima ola”. La publicidad del festival repetía lo que para otros productos culturales: la lógica mercantil expresada como argumento de calidad, ofrecía, “un acontecimiento artístico que ha demandado ingentes esfuerzos, por las dificultades que implica traer al país un plantel de cotizados artistas (Noticias Gráficas 05/01/61). El evento recaudó $ 3.190.350, entre el 13 y el 19 de marzo. Y fue visto por 26.350 personas, registradas en los bordereaux,  en columnas que iban desde Populares de $ 40 hasta Plateas Preferenciales de $250.

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Ring Mundial

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(Ismael Pace, uno de los propietarios del Luna Park, parte a los Estados Unidos)

A mediados de la década de 1950, una nota en KO. Mundial (1953, Año II, Nº 32.) titulaba “Crujirán los cimientos del Luna Park ante el choque de criollos y yanquis”. Los “veremos actuar sobre el mágico escenario de la calle Bouchard”. Estas exhibiciones, como tantas otras,  eran el resultado de los tratos entre distintas personalidades y organismos del negocio del boxeo, a nivel internacional. La misma revista KO Mundial, agradecía al dueño del Palacio de los Deportes, Ismael Pace, quien había viajado a los EEUU. para “ocuparse muy especialmente de las cosas del boxeo… y obtener los servicios de elementos rentados que intervendrían en la temporada”.  La información llegaba a la prensa a través de cables intercambiados entre la Asociación Argentina de Box (AAB) y entidades amateurs norteamericanas. Por cierto era un campo sembrado de conflictos: algunos acusaban a Pace de monopolizar el comercio de las trompadas y a la AAB de ser más flexible que la FAB (Federación Argentina de Boxeo) a los deseos del empresario. (Revista Usted, 1960).

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Comida a los campeones

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En 1966, la Compañía Gillette y Canal 13, realizaron en el Luna, la comida para agasajar a los campeones de todos los deportes, clasificados ese año. Las crónicas cuentan que entonces el estadio lucía “un aspecto realmente impresionante”.  Coincidieron entonces no solo atletas de aquel momento,  como el equipo de Racing Club, Horacio Acavallo, Carlos Moratorio (equitación), sino también figuras del pasado: la esgrimista Antequeda, el ciclista Cosme Saaveedra, el nadador Carlos Sos, etc. Pero tales emociones se daban en un marco delineado por la moderna economía: la revista K.O. Mundial (Nº 737) decía que “estos reencuentros solo son posibles cuando entidades de la… solvencia comercial como la de Gillette, se acercan al pueblo y viven sus inquietudes”. Pero ¿por qué agrega a la solvencia económica, la popularidad? ¿En qué contexto se anunciaban esas cualidades? Eran años agitados, hacía pocos meses la cúpula militar daba un golpe de estado, que bautizaba “Revolución Argentina”. En una sociedad divida por fuertes conflictos, un gesto como el de Gillette podía ser apreciado por algunos sectores, ya que como expresaba aquel número de K.O Mundial “nadie puede dudar de lo que significa el deporte como vínculo indiscutible”.

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Digno pendant

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En un sentido estrecho, el Luna Park es un gran salón de fiestas. Sus propietarios participaban del negocio del espectáculo a través del rubro inmobiliario, alquilando las instalaciones a otras empresas productoras.  Todavía en 2002, la dirección del Palacio de  los Deportes contaba en La Nación (5/4) que: para algunos el Luna es una sala muy grande y para otros muy pequeña. Por ese motivo, algunos artistas terminan eligiendo River o Vélez, y otros prefieren el Gran Rex, que es el teatro que está detrás nuestro en cuanto a capacidad. Es decir, estamos en el medio”. Habrá que ver si ese “en el medio”refiere a algo más que meras dimensiones espaciales. Por ahora diremos que la comparación guardaba raíces más profundas: construido en la misma década (1930) que el teatro Gran Rex y, en parte, edificado por la misma empresa (Mariani Hnos.) que había levantado las tribunas de hierro de varios estadios de fútbol (San Lorenzo, Racing, Chacarita, etc), el Luna se inscribe en un ambiente histórico social más definido, pues su construcción en tal lugar, en tal momento, no es azarosa. Así lo entendían al menos los redactores de la Guía Pugilistica de 1932, al decir que se “venía pidiendo un estadio de boxeo, que hiciera digno pendant con el desarrollo que había adquirido ese deporte en nuestro país.

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Otra vez, sobre Mitologías

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Los fundamentos que justificaban el nombramiento del Stadium como Monumento Histórico, insistían en su “representatividad nacional que hacen del caso un hito indiscutible de todos los sectores de la sociedad Argentina (Senado de la Nación, Año 2007, EXPEDIENTE NUMERO 3012/03). En efecto, además de las grandes peleas, los 6 Días en Bicicleta, los Circos Soviéticos, “el Luna Park también tuvo, como el teatro Colón, artistas del prestigio de Maia Plisetskaia, Luciano Pavarotti, Julio Bocca, José Carreras,Vladimir Vasiliev y se los ofreció al público popular, con la misma seriedad y respeto que utilizara para todos sus  eventos…” (Ídem). Este discurso que quiere amalgamar al mismo tiempo que oponer algo llamado popular y algo llamado prestigio, no era nuevo: desde el `30, el Stadium era anunciado como “La casa del pueblo”.  Acaso esa sea la carne misma del mito: el recuerdo del espectador del catch as catch can, convive con la tarjeta de la señora Fortabat, que saludaba en el 60º aniversario al querido Luna Park, “tan nuestro y tan porteño”.

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Habilidad acrobática y temperamento criollo

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(Tapa de la revista El Gráfico del 3/3/34. Se anuncia la presentación de George Godfrey en el Luna Park).

Promediando los años `30, el boxeo y el catch eran dos de los espectáculos que más aclamación tenían en el Luna. A primera vista ambos encarnaban la acción de combate o lucha, sin embargo se trataba de actividades bastante diferenciadas. El boxeo era considerado un deporte,  y esto se expresaba en una serie de folios expedidos por la oficina municipal de la secretaría de deportes. Por su parte, el catch, según sus organizadores, “lo asemejamos al espectáculo circense, pues… se trata de actos y situaciones… de habilidad acrobática a efectos de brindar al público la emoción y la diversión que originan situaciones realmente cómicas…” Esas autoridades comunales que controlaban los espectáculos deportivos no lo hacían respecto al catch, ni la Federación Argentina de Lucha lo consideraba deporte. Es importante recordar que  el pugilismo fue una actividad sobre la cual, los dueños del Luna intervenían directamente como managers, y de los de más influencia en el negocio. El Catch sería organizado por otras empresas (como la que tendría luego al frente a Karadagián) que alquilaban las instalaciones del Stadium. Tal vez porque, como mucho antes, en 1934, comentaba una nota en la revista El Gráfico (24/2): “aunque el público ha entrado ya por el catch as catch can, la empresa del estadio céntrico no olvida la preponderancia que ejerce sobre el ambiente el boxeo, más hecho para el temperamento del criollo”

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Que no decaiga

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Una nueva sociedad de masas era el medio del cual brotaba el Palacio de los Deportes. Dicha correlación se expresaba en los medios gráficos, en notas que solían incluso ofrecer –en tono de época- una descripción del carácter de las multitudes. Veamos una nota de El Gráfico de 6/1/34, titulada El Programa de la Lucha: “la reunión anunciada para esta noche en el Luna Park, debe contar con la concurrencia numerosa que trae todo espectáculo que se realiza por vez primera. Según aquellas crónicas, no bastaba con que los empresarios del espectáculo anunciaran sus productos como una novedad, pues “el público que va tras de las novedades y quiere hasta vibraciones desconocidas, irá por lo menos a manera de ensayo para comprobar si es eso lo que se esperaba. El espectáculo entonces se organizaba en función de atraer a una variedad de espectadores, el mayor número de personas  posible y tratando de crear un constante efecto, de que el “entusiasmo” no decayera en ningún momento de la velada. Aquella noche, el Luna “no contará solamente de catch”, sino que además “presentaremos un asalto de esgrima japonesa… que con tanto éxito se efectuó” la noche de otros combates.

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Hasta inaugurar el Luna Park

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Hasta inaugurar el Luna Park de Corrientes y Bouchard, José Lectoure (boxeador amateur) e Ismael Pace (hijo del propietario de una Kermes), organizaron combates por diferentes clubes. Daniel Pericoli, amigo de los Lectoure, que luego se desempeñaría como dirigente del gimnasio del Luna,  contó que Pace y Lectoure decidieron poner un ring en el Dock Sud, “gracias a una mano que les dio don Alberto Barceló”, (La Nación 02/01/00) Era, este Barceló, un poderoso caudillo de Avellaneda, que arrancó como hombre del Partido Autonomista Nacional, y cuyo control político del distrito se valía del fraude.  Sobre la ubicación de aquel ring Pericoli tenía una memoria olfativa: “todavía hoy me acuerdo del olor a podrido que salía del Riachuelo”. Prosperaron: años más tarde, el primitivo Stadium pasó a formar parte de la oferta de espectáculos de la noche porteña, junto a una cantidad de “piringundines”, teatros, cafés, restaurantes y cabarets

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Una atmósfera colosal

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“Luna Park siempre primero en la presentación de grandes espectáculos  decía la revista Stadium 1937. Más adelante, también nos comentaba que el Luna “fue el primero que trajo al país las estrellas del boxeo universal”. Sobre las jornadas de ciclismo de aquel año, el folleto insistía en que más de 500 periódicos de todo el mundo registraban día por día lo que pasaba en los Seis Días de Buenos Aires, dado que “esta prueba tiene una significación universal y su resultado interesa a todo el mundo. Otro folleto, de 1939, sentencia: “en el Luna Park se efectúan reuniones deportivas de resonancia mundial y se postula a ese año como el de los grandes encuentros de box”, ni hablar de las “grandes orquestas” llamadas a animar los carnavales, en un “enorme Stadium” que,  como a fines del 30, se lo convierte en “un gran estudio” para animar aquellas fiestas.  Tal vez, más allá del ingrediente de autobombo de marketing, este lenguaje de superlativos y cosmopolitismo, se comunique con una época (de entreguerras mundiales!!) marcada por la mundialización de ciertas relaciones sociales y por  la irrupción de una nueva multitud, perteneciente a los estratos medios y bajos de la sociedad, que empezaba a adquirir protagonismo, al tiempo que .se iba configurando la explotación económica, cultural y política en que aquellos fenómenos eran capitalizados.

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De round a round

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Al inaugurarse el Stadium, Raúl Landini era el campeón argentino de la categoría welter, título que conservó entre 1930 y 1935. Ese salto al profesionalismo se vio impulsado por su participación en los Olímpicos de Ámsterdam (1928) donde obtuvo la medalla de plata. Luego de su retiro en la década del `40, continuó participando en el mundo del boxeo, de una forma casi militante, hasta presidir “La Casa del Boxeador”. Los papeles del Luna registran esa constelación recorrida por Landini: las revistas del ´30 elogian su bravura arriba del ring, mientras que otros documentos, finalizando la década del `50, recuerdan otro tipo de combates, en defensa del boxeador, al que consideraba una víctima de los managers. Así, por ejemplo, el revuelo que provocó entre los hombres de negocio del boxeo, en un festival realizado en el Club Villa Piaggio, el 30 de octubre del `59, al tomar la palabra: “que la policía toda la vida persiguió a los tratantes de blancas y los penó; y la Municipalidad de la ciudad de Buenos Aires, siendo parte del gobierno, otorga en cambio licencias a individuos para que exploten a los hombres”

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Atletas y promotores

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Ayer recordábamos la cantidad de personas que recibía el Stadium durante las temporadas de los Seis Días en Bicicleta. Tal congregación de público era un aliciente para que otras empresas invirtieran en propaganda de sus artículos; y esto permitía que al beneficio obtenido en concepto de entradas vendidas, se sumaran los beneficios por la publicidad. Un informe de 1962, realizado por los organizadores del evento, nos dice que entre los anunciantes “existe una clientela ya hecha durante muchos años, que se administra sola y que suele dejar un largo beneficio”. Para 1961 se había recaudado $ 600 mil de publicidad, que luego de pagar gastos de corredores, folletos, etc, dejaban $ 301 mil de ganancia neta. Es decir, un 50 % de esos ingresos eran beneficios puros. La participación de personalidades reconocidas era una motivación para que los hombres de negocio invirtieran más en este rubro. Al mismo tiempo que vamos encontrando una imagen a la que hoy estamos más acostumbrados: la figura del atleta como modelo publicitario. En efecto, “teniendo en cuenta la segura participación de algunas figuras excepcionales, la partida publicidad aumentará y por ende el beneficio que habrá de dejar”

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Series de público

ESPECTADORES DE 6 DÍAS EN BICICLETA. DÉCADA DEL 50

A comienzos de los años `60, los Seis Días en Bicicleta, congregaban a unas 80 mil personas.  Las recaudaciones de entrada a la “carrera-espectáculo” de 1961, llegaron a  $ 4.632.963.  La estadística era una herramienta fundamental para los organizadores del evento, que si bien entendían la singularidad de  “un espectáculo como el de los Seis Días, que se realiza una sola vez al año”, clasificaban principalmente al espectador en diferentes tipos de grupo: a) el público de siempre acostumbrado año tras año a los Seis Días; b) el público nuevo que busca algo que aún no ha visto o que llamado por una buena propaganda es ávido de ver algo que aún no vio.  Luego los distintos sectores en que cada espectador sería acomodado expresaban una nueva fragmentación, ahora económica, dependiendo del valor pagado por el boleto, identificado a su vez por diferentes colores. Por ejemplo las de 1944, usaban el “Crema” para las localidades de Platea, cuyo valor era $ 4; y el “Rosa” para Populares, a un valor de $ 1.

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La época de la publicidad

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Esta página de Caras y Caretas (Nº 1.746; 19/3/1932) registra el combate entre Justo Suárez  y Víctor Peralta, en el Luna Park. Sobre dicha pelea hemos hablado más de una vez en estas entradas, pues se trató del ocaso de un ídolo popular, vivenciado luego en “Torito”, aquel cuento de Julio Cortázar. Por aquella época el boxeo ya se había convertido en una actividad con una afición multitudinaria y esto la convertía en materia explotable en la industria publicitaria, que inventaba lazos entre ramas tan diferentes como la del deporte organizado con objetivos financieros y, por ejemplo, la de la alimentación. Así en aquella misma revista, apenas un número anterior (el Nº 1.745), la publicidad de una conocida marca de avena, pretende tentar a los padres con la idea de que ingiriendo ese cereal, tal como “muchos célebres atletas acostumbran a tomarlo todos los días”, sus hijos pueden “dejar de ser espectadores” y “participar en un deporte tan activo como el boxeo”.

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Entre el Madison y el Galpón del bajo

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“El Madison Square Garden en New York, el Chicago Stadium, el Palais des Sports en París, han sido estadios construidos por sólidos empresarios o por poderosas corporaciones.  El “Luna Park” de la Ciudad de Buenos Aires, en cambio, es obra de dos hombres que se hallaban lejos de poseer recursos…”  A decir verdad ni Ismael Pace, ni José Lectoure parecían ser hombres de gran fortuna. Pero nos interesa resaltar que aquellas palabras dichas en 1999, reproducían en realidad una idea que desde los años 30, los propietarios del Luna, utilizaron sistemáticamente a través de comparaciones contradictorias: Si por una parte, “el Luna Park -según la revista Stadium de 1937- es como el Madison Square Garden de NY, por otra parte en la misma página leemos que  siempre sola, esta empresa [el Luna] está realizando esfuerzos que en otros países son obras de gobierno…” Incluso llegaran a exponer que la realización de algún espectáculo se realiza aún a riesgo de ir en contra del cálculo comercial. Sin negar la diferencia de escala entre distintos hombres de negocio, quizá podamos decir que este discurso emanado de una empresa nacida al calor de una de las crisis más importantes de la historia (1930), y expuesto en un folleto repartido gratuitamente, busca lograr el maná: “la simpatía y el apoyo popular” del potencial espectador.

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La era de la multitud

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El Luna Park, que abre sus puertas en el 32, es hijo de una época caracterizada por la irrupción de nueva multitud, perteneciente a los estratos medios y bajos de la sociedad, que empezó a adquirir cierto protagonismo. Su historia está concatenada en una totalidad que lo abarca. En el ámbito político el Luna aparecía como un  espacio ceremonial, heterogéneo y hasta antagónico; resaltemos dos situaciones: por un lado, la celebración nazi de 1938, coincide con lo que W. Benjamin llamó Esteticismo político”, la exaltación sensible de la muchedumbre procurando que las masas se expresen, sin que todo ello implique, un cambio real en las condiciones materiales de vida de éstas.  Por otra, parte, tres años antes, 1935, en ese mismo  espacio, 60 mil trabajadores, que han colmado la capacidad inmensa del estadio”, votan la huelga general para todas las ramas de la construcción. Claro que desde la perspectiva de los propietarios del estadio, el negocio es inmobiliario; poco importa la adscripción ideológica del inquilino ocasional. En cuanto al ámbito de la cultura, los dueños del Luna vieron en esa nueva sociedad de masas un mercado al cual ofrecer un capital simbólico antes inaccesible para aquellas, y vendiendo entradas desde 0.50 ctvs, el Palacio, gustaba también autodenominarse “La casa del Pueblo”.

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Correlaciones

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La historia del Luna Park puede ser un punto de partida para ir de lo particular a lo general. Sus orígenes se remontan a la Bs. As. de principios de siglo XX, ciudad transformada por un importante proceso inmigratorio. El nombre Luna Park aparece por primera vez en Bs As en 1912 en una feria de esparcimiento, propiedad de un italiano. Si bien la década del 10 ya mostraba signos de debilidad del modelo agro-exportador, los festejos por el Centenario encontrarían a este empresario vendiendo algún espectáculo al gobierno de Tucumán. Hacia 1923 organiza “La exposición de radio del Luna Park”; el flamante medio de masas tenía su primer gran acontecimiento. Aquel mismo año se transmitirá por esta forma,  en el interior del local, la Pelea del Siglo: el encuentro entre Firpo y Dempsey  por el campeonato del mundo. El clima de ansiedad colectiva terminó con la prohibición que pesaba sobre el boxeo profesional en la Capital Federal y abrió el juego a los promotores y match-makers. Entonces el  heredero de aquel italiano, junto a un socio, cambiará la orientación del negocio, con un gusto cultural que ahora tiende a mirar a los EEUU. construyendo un estadio a comienzos del 30, que se sueña Madison criollo, pero sobre un baldío en Av. Corrientes y Bouchard perteneciente una compañía de capitales británicos, el ferrocarril Pacifico.

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Corredores y paseadoras

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En los Seis Días en Bicicleta nunca participó una “pistard” femenina.  Esto aunque los diarios de 1936 destacan un “número considerable de damas que no eran menos entusiastas en sus aplausos y voces de aliento”. En tanto partes de la “concurrencia”, las mujeres se convertían en mercado no solo del espectáculo, sino además mercado sobre el que se lanzaban una cantidad de publicidades enredadas en el evento. Los anuncios de ventas de bicicletas, en los programas de los Seis Días, tienen mujeres como protagonistas o modelos. Releigh, uno de los agentes importadores de bicicletas, publicita en 1940 con la fotografía de una joven junto a su bici, que posa en un parque, bajo el título “Ya llegó… ¡Más Hermosa que Nunca!”. Pero el ocio, paseo, es solo una de las variantes que los comerciantes eligen para presentar la mercancía bicicleta. El programa de 1946 tiene una portada a color que ilustra a una mujer realizando las compras diarias con su máquina. Lleva además la siguiente leyenda “sea usted también moderna y práctica, haga sus compras paseando en una bicicleta FIPAT…”  La difusión masiva del uso de la bicicleta –la misma FIPAT publicitaba en 1940 “Ahora todo el mundo tiene una bicicleta”– era entonces un signo de nueva época, pero que se confundía en relaciones más tradicionales, como las que –en este caso- circunscriben a la mujer “moderna”, en el rol de ama de casa.

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De Rústicos a profesionales

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Los Seis Días en Bicicleta se presentaron por vez primera en el Luna Park en 1936, como un cambio en la vida deportiva y cultural de Buenos Aires. La gran prensa anunciaba: quedan atrás “las carreras de 24 horas que tuvimos en otras épocas en nuestro país y en las de largo aliento sobre las carreteras y caminos de tierra”. Por ende hubo que “fabricar” corredores locales, dado que los criollos estaban acostumbrados a caminos más rústicos que los circuitos cerrados. Treinta años después, un corredor exportado a Canadá, Anselmo Zarlenga, comentaba “aquí soy un verdadero ciclista, dado que mi única ocupación es entrenarme y correr… Hay semanas que tenemos 3 o 4 competencias y con muy buenos premios”. Sin embargo, estas historias no se reducen a una mera cuestión de talento atlético. El pistard va a enumerar sus proezas a forma de curriculum para que el Director de los Seis Días, lo tenga en cuenta para la próxima competencia en Bs. As. porque “es muy duro acostumbrase al estilo de vida. Aquí [Toronto] son sajones y nosotros somos latinos, es todo muy distinto”. Por su parte, en los `60, los promotores buscaran expandir la competencia-espectáculo, con algún éxito en San Pablo, con fracaso en Uruguay y con situaciones como las de Lima: “las reuniones aquí fueron deportivamente buenas y económicamente regulares”.

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El hielo en la época de la reproductibilidad

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(Imagen en La Razón, 4/3/1972).

En 1939 un folleto del Luna Park anunciaba como “una de las últimas novedades”, la próxima instalación de maquinarias para la práctica del patinaje sobre hielo. Signo de modernidad: la lógica mercantil servía como argumento de calidad para el que sería “el más costoso de los espectáculos que Buenos Aires  ha conocido hasta el presente”. Una década después, desembarcaba aquí, la troupe del  Holiday On Ice y su “Carnaval Sobre el Hielo”, llamado “el espectáculo más visto y más costoso del mundo.” Hacia 1989 festejaron su 40 aniversario en el Stadium, con torta gigante y la presencia de artistas famosos. La colocación de tablas y aserrín o arena, varios metros de cañerías, agua, generadores de electricidad y compresores de frío, pueden parecernos hoy una tecnología algo arcaica. Sin embargo, esa misma pista es ocupada ahora por el Disney On Ice. Un producto genera otro y así, dentro del estadio, Disney fabrica su propio algodón de azúcar. Por fuera, el paisaje se ve transformado no solo por la maquinaria apostada sobre av. Madero, sino también por la cantidad de juguetes, con iconografía de mickey mouse, con que son tentados los niños, ya que a diferencia de los años 30, el entretenimiento sobre hielo se ha convertido en una producción dirigida especialmente al público infantil y coincidente con el receso escolar de invierno.

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¿Cómo se divierte Buenos Aires?

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Hace más de 40 años, Oscar Troncoso se preguntaba ¿cómo se divierte el hombre de Buenos Aires? Su trabajo además tenía la virtud de buscar respuestas en clave histórica: ¿se divierte de igual modo a principios de siglo XX o en el 30 o en el 50? Sin dejar de advertir que los estudios sobre estos temas han renovado métodos y preguntas, aquella no deja de tener su peso y la historia del Luna puede aportar: sus comienzos se enredan con la inmigración, con una ciudad masificada, con la explotación económica, cultural y política en que aquellos fenómenos son capitalizados. Domingo Pace –un comerciante italiano- fue quien, en la década del 10, llamó Luna Park a su parque de diversiones, que circulaba por los baldíos de la ciudad. En esos momentos, aparte de juegos como tiro al blanco, el Luna ofrecía espectáculos de teatro al aire libre. Recién a partir del 30, Luna Park será un Stadium en un ambiente en que el boxeo simboliza la modernidad, conformando una geografía del ocio junto con la radio, el cine y el teatro de revista. Entonces, decía un diario, “bastó un anuncio –Aquí se levantará el Luna Park- para que a toda la muchachada biabista se le hiciera agua la boca”. De allí en más, el Palacio de los Deportes permanecería en Bouchar y Corrientes, pero siempre tomando nota de los gustos y emociones acordes con la atmosfera de la época que le iba tocando habitar.

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Alimento de campeones

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Durante los “Seis Días en Bicicleta”, los corredores vivían en el Stadium, en casillas de madera construidas a un costado del velódromo, y por tanto formaban parte del espectáculo, no solo cuando estaban sobre ruedas, sino aún hasta cuando estaban durmiendo. La revista El Gráfico, comentaba en 1936 (año en que se realizó este espectáculo por primera vez en el Luna): “veremos comer a los corredores, dormir, afeitarse, etc. La cocina accionará dentro de la misma pista”. Dicha estadía incluía naturalmente su alimentación y esto implicaba el contacto con diferentes firmas que proveerían alimentos y otros artículos, a cambio de publicidad. Así por ejemplo en 1961, todos los días entre el 10 y 16 de octubre, La Martona ofrecería “24 botellas de leche, 2 de crema, 18 de yogurts y por única vez 2 cajones de huevo”, por lo cual la Empresa Luna Park “propalará 30 frases por día [un texto redactado por La Martona], colocará un letrero en un lugar visible de la cocina de corredores, publicará un aviso en el programa, otorgará 3 entradas permanentes y 20 comunes todos los días”. Los documentos mencionan a otras empresas también del rubro alimenticio como Bagley, Frigorífico La Negra y A los Grandes Visires, que en el 61 participó con “10 kg de café especial y una caja de té para 400 tazas”. De tal modo,  los Seis Días… se presentaba  como uno de los espectáculos más aprovechables en materia de publicidad.

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La cuantificación más completa

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Los primeros intelectuales que adoptaron el concepto de “industria cultural”, repararon en la tipificación que dichas industrias hacían de los consumidores de espectáculos. Theodor Adorno, por ejemplo, insistió en que había distintos productos de masa preparados para distintos tipos de públicos, clasificados en planillas estadísticas, según los ingresos. Ahora bien ¿el espectador es solamente aquel que paga su entrada? Los documentos del Stadium permiten continuar pensando aquellos temas, complejizándolos más, añadiendo cuestiones como las relaciones entre las industrias del entretenimiento y los aparatos del estado. Sabemos, por ejemplo, que se ofrecieron boletos libres a chicos de los Asilos de Huérfanos Navales y Militares, para Skating Vanitie, una exhibición de danzas sobre patines, “ideal para niños” que se presentó en el Stadium  desde el 11 de noviembre de 1955. Ese mismo año, la dirección del Luna responde a un pedido del Coronel Fernando González (Director de la Escuela de Suboficiales Sargento Cabral). Aquí la asistencia a  alguna velada de Bouchard y Corrientes, parece ser el resultado de un proceso de disciplinamiento al interior de aquella fuerza, que premiaba con el “otorgamiento de localidades gratuitas… a los alumnos de buen comportamiento de ese instituto”. Por su puesto que estos espectadores castrenses, también serán objeto de un orden administrativo del Palacio de los Deportes, pues los días martes, jueves y domingos se dará “acceso a 20 alumnos por reunión, quienes deberán concurrir vistiendo uniforme y muñidos con una tarjeta confeccionada por esa dependencia, con sello y firma”

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Sangre y oro

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A mediados del siglo XX, el boxeo argentino aportaba su primer campeón mundial (Pascual Pérez). ¿Es que hasta entonces no hubo pugilistas lo suficientemente buenos?  Más bien ocurre que dicho reconocimiento coincidía con una inserción más compleja de los promotores criollos en los rines internacionales. La clave quizá la proporcione otro campeón,  Horacio Accavallo, para quien antes del padrinazgo del Luna, era muy difícil ser campeón mundial; y ni ganándole a boxeadores extranjeros se llegaba a ser conocido. Para convertir en oro, la sangre de los boxeadores, ese patrocinio debía tejer relaciones suficientes en las instituciones mundiales del box. Una carta fechada en julio del 55, dirigida a Anthony Petronella, Jefe del comité de Clasificaciones de la National Boxing Asociation, le agradece haber incluido a de Castro y de Gonzalez en el Ranking Mundial, hacer venir a Marciano a Bs As. y agradece igualmente sus informes sobre un equipo de boxeo amateurs, aunque según los del Luna, no dará ningún resultado financiero. Se cuenta que Kid gavilan llegó a Bs As y le organizaré dos peleas. Por otra parte, se está organizando los países sudamericanos, como usted lo indicó. Así mismo esta red alcanzará las esferas gubernamentales, cuya participación también queda registrada en un intercambio de objetos simbólicos: un mástil con la bandera argentina que le obsequió el presidente Perón a ud.

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Concatenados ( O qué tienen que ver los Globetrotters, Pascual Pérez y Montevideo)

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En el ´55 los boxeadores Pascual Pérez y Shirai volvían a enfrentarse en Tokio, en la primera defensa que el argentino hacía de su título . En esa misma década los Globetrotters comenzaban a visitar nuestro país. ¿Se relacionan estos hechos? A prime vista uno diría que no, salvo que los dos se dan en la década del 50.  No obstante, en una comunicación, las autoridades del Stadium le decían a Abraham “Abe” Saperstein, propietario de los Harlem Globetrotters: “me siento satisfecho de haber contribuido a su pedido, a la realización de la pelea revancha [Pérez Vs Shirai]. Luego la cuestión central de la carta: “espero que pronto podamos ver en esta parte de Sudamérica a los Harlem Globetrotters”. Además se le informa a “Abe” que “en Uruguay (Montevideo) se ha inaugurado un gran stadium cubierto, para 15 mil personas”, mercado nada despreciable. Finalmente se comenta que en nuestro país “existe el propósito de intensificar aún más la práctica del básquet”, motivo por el cual se le pide al mismo Saperstein, recomiende un entrenador capaz, al que se le pagará pasajes y un sueldo mensual. De modo tal, la superficie compuesta por aplausos, piruetas con balones, nocauts y triunfos atléticos, está estrechamente informada por otros hombres dedicados a la industria del entretenimiento, que diversifican sus inversiones en distintos rubros deportivos (básquet, boxeo), que tejen alianzas intercambiando información y que operan en un mercado de escala mundial.

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¿Qué es un boxeador?

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¿Qué es un boxeador? La caricatura, una publicidad del 30, expresa la sociedad entre los promotores del Luna (Lectoure y Pace) con el más importante de EE.UU, Tex Richard. Por otra parte, los pugilistas aparecen como marionetas, que responderán al movimiento que de sus hilos haga su “titiritero”. Además se los llama como “ídolos populares” desde que el pugilismo se masificara como espectáculo de entretenimiento. Luego, un documento del `56, no menos ilustrativo, diferencia entre los “boxeadores de fondo”, que serían “aquellos que constituyen la base de atracción del programa”, por lo cual se los considera como “asociados con la Empresa organizadora”;  y los que, por otro lado, entran en la categoría de “preliminares” que “consideramos los aprendices de cualquier otra profesión”; y  “semi-fondistas”como medio oficiales”. Es decir, el boxeo como trabajo. Los boxeadores fueron madurando también esta conciencia: menos de 10 años antes, precisamente en 1948, los luchadores más humildes habían emprendido una huelga. En todo caso el boxeo parece ofrecer un campo rico para la historia de la sociedad en gral. Pues de un deporte de “caballeros” pasó a ser visto como atajo de ascenso social por muchachos pobres, que llegaban con el odio de clase y la necesidad de ganar dinero. Por eso también, la escritora Carol Joyce Oates dice que el boxeo es la vida y que los boxeadores representan una cultura, una raza, una clase…

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Entre las cuerdas

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Durante los años 40 y 50, José María Gatica y Alfredo Prada, fueron emblemas del “peronismo” y del “anti-peronismo”, en las noches del Luna Park. En realidad, parece que Prada era tan peronista como Gatica, solo que ante la relación campechana de este último con Perón, quienes no simpatizaban con el régimen, optaron por una figura que creían más sobria por oposición al Mono. Prada dejó el boxeo con algún dinero en el banco, el otro volvió a su origen pobrísimo. Se dice entonces que Prada abrió un restaurante en calle Paraná y llevó al Mono para ponerlo en la puerta del negocio para exhibirlo. Los libros contables del Stadium que había sabido ser arena para estos gladiadores, registran aquella historia desde otro ángulo: febrero de 1961, el Restaurante Knock-Out, de la calle Paraná 332 (CABA), pertenece a la firma Prada y Gatica SRL. Se le reclama a dicha firma una deuda en concepto de exhibición de su cartel de publicidad en este estadio. Las mismas personas, los mismos escenarios, atravesados, según el momento, por una serie de categorías diferentes (campeón, peronista, antiperonista, deudores, etc) y que el devenir fue concatenando en una historia de choques políticos, desigualdades, sueños de ascenso social y crudos desengaños.

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Un conjunto de gestos

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En el verano de 1956 una epidemia de poliomielitis dejaría un saldo de 3 mil muertos. En Buenos Aires, la población se reunió en tareas de limpieza de la ciudad, movidos por la creencia de que el “virus está en el aire”. Los papeles amarillentos del Luna registran también aquel momento: el 17 de marzo el Luna Park organizará un festival de boxeo a beneficio. Boxeadores y managers, pero también personal administrativo, electricistas, técnicos de sonido, porteros, acomodadores, boleteros, etc. cederán la paga de ese día de trabajo. También se brindaría el estadio para un festival organizado por Radio El Mundo y para otro de la revista Ahora, con los mismos objetivos. Estos gestos caritativos, se canalizaran a través de otros gestos de tipo político, en un contexto marcado por la “desperonización” impulsada por la autodenominada Revolución Libertadora. La invitación que los propietarios del Stadium hacen al entonces Pte. Provisional de la Nación, P. E. Aramburu, es en los siguientes términos: “Si Ud. accediera a prestigiar con su presencia la velada, quedaría conformado el hermoso espectáculo deportivo en el que aúnan su colaboración gobernantes y pueblo en un digno gesto humanitario que tan alto habla de la unión de los argentinos…”

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Una identidad, un sello

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Francisco Canaro fue una de las figuras que mejor conoció el escenario del Luna Park. Cantidades de veladas y carnavales fueron animadas por su orquesta. Sin embargo, la armonía que reinaba en sus melodías, al parecer, no tenía el mismo color en cuanto a la relación del maestro con sus músicos: hacia 1956, los propietarios del Stadium son llamados a declarar por los autos “Lázara, Normando [pianista] y otros c/ Canaro, Francisco”. Quedará para otro lugar conocer mejor aquellos conflictos; lo que ahora nos importa es notar que para el sentido común (incluido el del juzgado), el Luna es el productor de cada espectáculo que se presenta en Bouchard y Corrientes, y por eso sus propietarios son citados. No obstante, las autoridades del Palacio de los Deportes, se dirigen al Juez Nacional del Trabajo de la siguiente forma: “nos es imposible suministrarla [la información solicitada], por cuanto el maestro Canaro no ha sido contratado por esta empresa, sino que lo ha sido por empresarios ajenos a nosotros…” Es cierto que en los afiches y programas de mano, los bailes y carnavales son anunciados como “del Luna Park”. ¿Entonces? Quizá la cuestión esté en que estos hombres de negocio no solo habían levantado un estadio, un local para alquilar, sino que tal vez también fueron construyendo una identidad, un sello, un mito…

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Espectáculo con vuelo propio

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La participación de los promotores del Luna en el mercado mundial del espectáculo, incluía necesariamente la circulación internacional de los protagonistas. De aquí se desprende una serie de cuestiones. Primero, que esta industria del entretenimiento se va vinculando a otras, así por ejemplo,  la del transporte: sistemáticamente corría por cuenta de la empresa Luna Park, el traslado de diferentes deportistas, en Aerolíneas Argentinas. Segunda cuestión, esos  pasajes eran en parte un canje por publicidad en el Stadium y en las publicaciones del mismo (revistas, programas de mano, etc). Finalmente, hacerse cargo de los traslados, les permitía a los empresarios del Luna, negociar mejores condiciones con los managers de los atletas que traían: si, por ejemplo, se trataba de boxeadores, será una constante “la opción nuestra [de la empresa Luna Park] a dos peleas más”, aparte de las convenidas. La organización del espectáculo con objetivos financieros va entonces desarrollando una configuración compleja, haciéndose subsidiaria de otras ramas comerciales. Vemos también algunas estrategias, que los hombres del negocio del entretenimiento van tomando en dicha configuración. (En Imagen, Ismael Pace despide Lausse y Merentino, quienes van rumbo a los Estados Unidos. Rev. K.O. Mundial, Año IV, Nº 119).

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Entre la novedad y la tradición

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Ya en los `30, los propietarios del Luna presentaban al estadio, en cada afiche, publicidad o programa de mano, con un discurso que exaltaba su carácter de empresa “nacional” y arriesgada a ir en contra de la lógica mercantil, con el fin de ofrecer novedades al púbico porteño, imponiendo espectáculos desconocidos entre nosotros.  “Siempre sola – continua la revista Stadium, 1937- esta empresa genuinamente argentina está realizando esfuerzos que en otros países son obras de gobierno…”  Este discurso reaparece luego, en documentos más íntimos, dirigidos a un interlocutor que ya no es el público general, como los que hacia 1956 buscan una rebaja en los aranceles impuestos por la Sociedad Argentina de Actores y Compositores de Música: “Las Romerías constituyen un baile que mantenemos por tradición… lo percibido de este espectáculo apenas alcanza para cubrir los gastos de personal, luz y músicos…” Como empresa nacional, como ventana a la novedad o como custodio de una tradición, la lógica parece ser similar: construir una identidad del Palacio de los Deportes  que lo muestre como centro social de la gran ciudad, más allá del balance comercial.

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Detrás de escena

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Los libros contables, los copiadores y otros documentos administrativos, tal vez menos coloridos y con un lenguaje más austero que el de un programa de mano, nos permiten también reconstruir la memoria de algunos espectáculos que pasaron por el Stadium, pero además nos proporcionan otros tipos de información. Así, por ejemplo, por una comunicación al Director de Rentas de la Municipalidad de Bs. As. sabemos que desde el 11 de noviembre de 1955, se presentó Skating Vanitie, una exhibición de danzas sobre patines, “ideal para niños”. Pero también nos enteramos que en realidad los propietarios del Luna no producen este evento, sino que alquilan su local a otro hombre de negocios, llamado Pablo Williams. En esta configuración, la empresa Luna Park, aparece participando del mercado de espectáculos, desde el negocio inmobiliario. Otra carta nos cuenta que, de todas formas,  las autoridades del Palacio de los Deportes, disponían de entradas libres a los shows y eran utilizadas en sus relaciones con las autoridades públicas: en este caso ofreciendo boletos para niños de los Asilos de Huérfanos Navales y Militares, o de la Asistencia Social, para día sábado en lo que se llamaba Sección Vermouth (esto era a las 18 hs).

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La competencia arriba y abajo del ring

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El combate comienza antes de la exhibición y continua después de ella.  La legión de contendientes está formada por match-makers y promotores. Es una competencia entre hombres de negocios, pero estrechamente comunicada con la figura misma del boxeador. Así por ejemplo, cuando Pascual Pérez se consagró campeón mundial, en Tokio (1954), él y su manager, Lázaro Koci, se quejaron de que el promotor del combate, les había retenido mil dólares, lo que equivalía al 50% de la bolsa. El motivo de ello, refleja la escisión misma del pugilista, con su cuerpo como valor de uso y su poder destructivo como valor de cambio: “Pérez no se colocó protector y [los promotores] no se consideran con garantías suficientes”. Además ni Pérez, ni Shirai (su oponente) recibirían regalías sobre el film de la pelea, que al parecer, según contrato, también serían derechos exclusivos del promotor. Pero, ¿de dónde sacamos estas versiones? De un intercambio de cartas en las que Robert Cahn (entrenador y manager de Shirai) pide a Pace (propietario del Luna y socio de Koci) proteja los derechos de su boxeador en aquella película. (Imagen: tapa de la revista K.O. Mundial anunciando el combate entre el campeón del mundo Yoshio Shirai y el campeón argentino Pascual Pérez, a disputarse en el ring del Luna Park, 4 meses antes de que el argentino le quitara el titulo en Japón).

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Tribunas y Ministerios

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Al irrumpir la autodenominada Revolución Libertadora, el nuevo gobierno militar intervino  la Confederación Argentina de Deportes y el Comité Olímpico Argentino (CADCOA), con la figura del General Fernando Huergo como interventor. Muchos deportistas fueron excluidos por haber simpatizado con el peronismo. Por otra parte, hemos mencionado cómo Política, ideología y deporte se conjugaban en la historia del Luna, con un Ismael Pace que habría sabido armonizar con la atmósfera peronista. ¿Qué pasaría luego del derrocamiento de Perón? A comienzos del 56, en carta al Gral Huergo, el estudio de un plan de seguro contra accidentes, para boxeadores, es presentado, por las autoridades del Stadium, como una gestión “acorde con el movimiento revolucionario que está viviendo nuestro país… Entendemos con ello –continua- colaborar con los postulados de la revolución e interpretar el patriótico afán del Sr. Interventor en favor del deporte argentino. Desde ese aspecto, el atletismo seguía siendo una de política de estado, definida por el personal político del momento y los empresarios del deporte, pues esta iniciativa –dice la carta– surgió a través de una conversación con el Sr Simonetti, funcionario eficaz de CADCOA.

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Política, ideología y deporte

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Finalizados los juegos Panamericanos de México (1955), la Confederación Argentina de Deportes, programó una serie de actos en homenaje a los argentinos participantes. Una carta dirigida a tal institución, nos cuenta que la dirección del Luna adhirió ofreciendo su local a aquellos actos, en tanto se distinguía a “atletas que tan alto han colocado el pabellón de la patria. Tal fervor se encuadra en años en los que la Argentina va completando una experiencia marcada por uno de los movimientos nacionalistas de masas más importantes de Latinoamérica en la época de posguerra, el peronismo. En efecto, la carta citada invita a “todos los deportistas que han actuado o actúan en el Stadium para que concurran al grandioso recibimiento y su posterior desfile ante el más grande deportista de todos los tiempos, Gral Perón. Las ideologías políticas contemporáneas han aprovechado de forma sistemática la popularidad que el deporte tiene entre las masas y su influencia. El peronismo no fue ajeno a ello y esto se encarnaba en la creación de instituciones y la vinculación con algunos empresarios del deporte. Los programas de espectáculos del Luna de los años 40 contaban también con la pauta oficial. La autodenominada “Revolución Libertadora” y la muerte del Ismael Pace (fundador del Luna) coincidieron cronológicamente (1955). Según la revista Usted (nov. 1960), el advenimiento de la gestión de Ernestina Devecchi armonizaba con la caída de Perón, a cuya política deportiva se habría subordinado Pace. (En imagen, Perón recibe a los boxeadores Sandy Addler y Archie Moore. También posa Ismael Pace. -Primero desde la izquierda)

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Plaza fuerte

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A mediados de la década de 1950, una carta de Ismael Pace (propietario del Luna Park), afirmaba que “Buenos Aires ha cambiado mucho, y es ahora una de las plazas fuertes del boxeo”.  Se refería a la organización comercial del pugilismo. En efecto, dichas palabras se enmarcan en la configuración de una red internacional de managers, instituciones y otras autoridades, ansiosas de hallar boxeadores “de espectáculo”. Los match-maker  hablaban de los “valores”  de los boxeadores, y dichos valores estaban compuestos por el propio cuerpo del boxeador y su poder de agresión: “no deseo –vuelve a comentar Pace- traer boxeadores zurdos”. Tal poder de destrucción, se resumía estadísticamente en el “Record” de cada retador. Un promotor proponía sus púgiles para hacerlos combatir con los de otro empresario, y lo primero que este miraría,  serían los récords, visados por la Federación Pugilística del país de origen, de los hombres que se le ofrecían. Por otra parte, la similitud de kilos entre dos luchadores, no expresaba una similitud en poder de negociación entre diferentes promotores.

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Victoria mundial, fracaso de taquilla

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La organización del boxeo con objetivos financieros, iría asociándose a la explotación de otras industrias del entretenimiento.  Así por ejemplo, cuando Pascual Pérez se consagró campeón mundial, en Tokio (1954), un film sobre la pelea, se pasará en los cines de Bs. As. Parece haber un mercado para ello, después de todo, el 3 de diciembre de aquel año, El Gráfico comentaba: Madrugó el país entero para acompañar a Pascual Pérez en su pelea con el campeón del mundo. El hecho único y por lo mismo extraño de que un compatriota combatiera en el Japón hizo el milagro de que Buenos Aires adquiriera en las primeras horas de la mañana la fisonomía propia de la medianoche, que es cuando la gente habla de boxeo. Los hogares, las oficinas, las calles, los talleres convirtieron a la ciudad en un solo receptor, en un solo latido de entusiasta ansiedad”. Sin embargo, ello no era suficiente: iniciado el `55, una carta de Ismael Pace (propietario del Luna y socio del manager de Pérez), comenta que “aquí la película se pasó, pero es como todas las películas de boxeo en la Argentina; no dan mucho dinero; además, todo se va en enormes gastos de programación, impuestos, publicidad, etc; además el mal tiempo, pues casualmente hubieron de exhibirla en verano y ello es contrario a este negocio…”

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Más que un deporte

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En su Mitologías, Roland Barthes, analiza el catch, como un espectáculo en el cual se escenifica un concepto puramente moral: la justicia. Ahora bien, en Bs. As. el Catch-as-catch-can (o agárrese como pueda) fue uno de los entretenimientos más atractivos para el público desde fines de la década de 1930, y el Luna Park se veía colmado tres días a la semana para ver, justamente, como los “buenos” se enfrentaban a los “malos”. Detrás del escenario, había otro lenguaje, habitado por empresarios y autoridades, plasmado en libros contables. En efecto, los propietarios del Luna, no lo consideraban un deporte, sino que “lo asemejamos al espectáculo circense, pues… se trata de actos y situaciones… de habilidad acrobática a efectos de brindar al público la emoción y la diversión que originan situaciones realmente cómicas…” En apoyo de este criterio, los hombres de negocio mencionaban que “las autoridades municipales que controlan los espectáculos deportivos no lo hacen con respecto al catch”; tampoco la Federación Argentina de Lucha, “por no considerarlo deporte”. La importancia de tales definiciones se enmarca en una serie de estrategias utilizadas por los hombres de la industria del entretenimiento, para reducir sus costos, en este caso, tratando que no se cargue con impuestos excesivos al espectáculo.

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Los mojones de la ductilidad

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Hacia 1966 se presentaba por primera vez en el Luna Park (y en la Argentina), el Circo de Moscú. Tal suceso se inscribía dentro del periplo recorrido por el Stadium, devenido primero Palacio de los Deportes, en tanto iba sumando al boxeo otras actividades deportivas, a las que además daba un marco espectacular.   En efecto, “comprobando –según palabras de los propietarios del estadio- felizmente su ductilidad y poder de convocatoria”,  se irían vinculando a otras empresas ligadas la producción de espectáculos. La llegada del Circo de la URSS será entonces presentada por la empresa Difusora Argentina de Espectáculos y Filmes Artísticos. A partir de entonces, aquella empresa, mediará la presencia de otras figuras internacionales (entre las que se destaca una cantidad de artistas soviéticos). Las mismas no hacen más que “jerarquizar culturalmente esta sala, agregan nuevamente, los promotores y propietarios del Luna.  Luna Park, Stadium, Palacio de los Deportes, Sala… son mojones en el derrotero de una historia de concatenaciones económicas y culturales.

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Propaganda y ceremonia

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La publicidad realizada durante la temporada de ciclismo abarcaba una serie de soportes. Si en la revista sobresalían las difusiones sobre diferentes firmas y comercios de bicicletas, en los carteles (incluida la propia pista), una cantidad de artículos domésticos buscaban algún eslogan en el mismo clima deportivo: determinado alimento para bebes, afirma que “hace futuros campeones”. Además se sumaban, los sprints de espectadores en pista: avisos, por micrófonos, de diferentes personalidades artísticas, deportivas y  políticas. Así a Francisco Canaro y Raul Riganti, los documentos de 1946, agregan al Gral. Farrel. De modo tal, tenemos en principio dos situaciones: por una parte, el público en general, deja de ser solamente el consumidor al cual se le vende el acceso a un evento y pasa a ser, una mercancía a cambio de la cual se querrá conseguir una parte del presupuesto que otras empresas destinan a publicitar sus artículos. Por otra parte, en tanto espectáculo público, la carrera podía funcionar como un ceremonial político, estratégicamente aprovechado por los dirigentes.

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Lo popular

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Ya antes hemos sugerido que tal vez el Luna Park forme parte de Mitologías modernas. Podemos agregar que ese mito contiene un tono diferente según el momento histórico y según quien o quienes lo invoquen. Así, por ejemplo, a comienzos de los `90, la protesta pronunciada en algunas canciones de rock, seguía mostrando al Luna Park como espacio de  “lo popular” y contrapunto de una cultura meramente consumista. El futuro no parecía promisorio, en 1992, Bersuit Vergarabat, cantaba 2005 y me voy a pasear  con mi nuevo Ford Plutón,  seguramente al ex Luna Park donde hay un shoping de decoración”. Ahora si miramos más atrás, a fines de los años `80, lo popular toma otro cariz, entre la vuelta al sistema democrático formal y una recordada crisis económica. Frente a la misma, vemos que el Colon (símbolo de una “alta cultura”) y  el Luna, compartieron cartelera, y esto era mostrado por los propietarios, dirigentes y la gran prensa como una imagen de elevamiento cultural y cívico de las multitudes, acorde a los nuevos tiempos.

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Entre las cuerdas: el ring como lugar de trabajo

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De actividad de esparcimiento de los sectores acomodados, en la casa de Cesar Viale, en el corazón aristocrático de Buenos Aires, a distracción rentable y multitudinaria. Ese devenir del boxeo se encarna en Justo Suarez, “el torito” de Mataderos. Surgido de un barrio netamente obrero, 23 hermanos, lustrabotas, canillita, recorría el mercado de hacienda en búsqueda de restos de vísceras que vender. Las trompadas, otra forma dura de ganarse la vida, pero llegó a la gloria. Ese giro en la vida de un hombre pobre, le dio la admiración popular.  Fue de esos pocos, pero la espiral continuó y como la mayoría, finalizó en la marginalidad. Desde el año 30 sería Pepe Lectoure, su Manager, (propietario del estadio Luna Park). le corrigió “defectos criollos”, contratando al entrenador Claery Jones. Entonces sí, “de mataderos al Centro y del Centro a Nueva York” (tango Muñeco al suelo, 1930), aporte del gobierno de Yrigoyen, mediante. Allí Lectoure y un conocido “catador” de boxeadores, Jimmy De Forest, arreglarían combates en el Madison. Luego de una primera marcha de éxito tras éxito, un segundo viaje a NY: El Expreso Petrolle –su rival-  lo volteó en el noveno round. Ya de regreso, en el Luna, fue derrotado por Peralta, marzo del 32,  (ocaso vivenciado en “Torito”, aquel cuento de Julio Cortázar). No obstante público seguía identificandose con Suarez, pero lo que el Torito ya no tendría sería Contrato. Mi cabeza es un ring, José– le confesó una noche a Lectoure, quien le facilitó recursos para que viajara a  Córdoba a tratar la tuberculosis que lo abatía. Fallecería en agosto del 38, y antes de ser sepultado sus restos pasarían por el Luna una vez más.

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Identidades impostadas

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Hacia los años `30, los propietarios del Luna Park, solían presentar su empresa, en cada publicidad o programa de espectáculo, como una necesidad social de su tiempo. “Vivimos en la edad del deporte –comentaba la revista Stadium en 1939- válvula de escape para las preocupaciones con que el diario trajín embarga los espíritus”. A las puertas de la Segunda Guerra, transcurrida más de una década de crisis mundial, la vida en las grandes ciudades modernas parecía fría, calculista, estructurada y rutinaria, irrumpida por masas anónimas. En ese contexto, los hombres de empresa incluían en sus publicidades, una crítica social envuelta en una regresión a tiempos remotos, que les permitía mostrar sus productos como la negación del anonimato y el vacío existencial actual: “el clamoroso aplauso de las muchedumbres, dispuestas, como en los tiempos de la bella Grecia clásica a coronar de flores al atleta triunfante”. Ese juego crítico, en los folletos dados al público, con narraciones estéticas, se comunicaba con el lenguaje estadístico de los bordereaux y la creación más general de un mercado en Buenos Aires, que ofrecía identidades a través del consumo de masas.

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Sobre gustos está todo escrito

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La conjugación entre deporte y espectáculo, resultaba conveniente a fines de ofrecer  algo para los diferentes tipos de público. Los Seis Días en Bicicleta, desde 1936, eran organizados como una “competencia-espectáculo”, dirigida y dosificada para que no decaiga el entretenimiento en ningún momento. En ese cuadro se inscribe la fabricación de “ídolos” locales, que compitieran con corredores “extranjeros”, en una ciudad con un peso inmigratorio como el de Buenos Aires o San Pablo (Brasil). “¿Será deporte, será espectáculo?” era la consigna que, hacia 1939, publicitaba al Dribling (una mezcla entre el rugby y el fútbol en miniatura) que ya iba siendo vendido con bastante anterioridad a su estreno y aún antes de que los propios promotores tuvieran en claro de qué se trataba: estamos –decía el propietario del Luna- dando fin a la reglamentación.  Así los hombres de negocio estudiaban atentamente los gustos populares: en nuestro país el fútbol moviliza semanalmente 200 mil personas –continuaba Pace- sobre la base de aquel haremos un deporte más vistoso que necesariamente llamará más la atención.

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Mitologías

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Suele decirse que el Luna es un mito de lo “popular”, un símbolo de la argentinidad.  Después de todo es el lugar donde se conocieron Perón y Eva; y  aquí mismo se despidieron los restos de Gardel, Bonavena y Julio Sosa, etc. La Historia quizá nos ayude a comprender mejor el mito, no porque el mito sea una mentira, sino porque suele decirnos poco. Hay entonces una construcción retrospectiva de ciertas circunstancias y personajes sensibles a la historia local. Por otra parte, lo “popular” es el componente fundamental de este mito moderno. En una sociedad de pronto masificada, ya desde los años 30, los propietarios del Luna, promocionaban su empresa bajo el rotulo de “La casa del Pueblo” y esto se comunicaba con una estrategia comercial para competir con otras industrias del entretenimiento, consistente en ofrecer una diversidad de precios, para atraer mayor número de público, incluyendo diferentes capas sociales; y también en un llamado a diferentes productores cuyos espectáculos no eran admitidos en otras salas.

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Salir a escena, partir al ring

1984-Alicia Alonso y el Ballet Nacional de Cuba II

El templo del boxeo –otro de los apodos que recibió El Palacio de los Deportes- también fue lugar para que el ballet desplegara la belleza de su arte. A primera vista, ambos espectáculos expresan una emotividad diferente.  En el boxeo, dos hombres, por lo general de infancia pobrísima, ven su propia muerte en los ojos del rival, y disputan por ver cuál de ellos escapa a la miseria y al hambre. Por su parte, los bailarines trasmiten, a través de su estética, serenidad y paz. Sin embargo, una segunda vista no parece sugerir que ambos espectáculos sean totalmente opuestos: Norman Mailer ha descrito al boxeo como una forma de coraje humano, Cortázar gustaba del boxeo como una actividad estética, mientras que Bertolt Brecht vio en el pugilismo una metáfora de la vida en las ciudades modernas.  Afrontar los propios miedos, el instante de salir a escena o partir hacia el cuadrilátero: dos corajes distintos que se parecen. (En imagen, Alicia Alonso y el Ballet de Cuba).

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El espectáculo más caro del mundo

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A mediados de la década del `80, el libro Guiness de los Records mencionaba al Hollyday On Ice como el espectáculo en vivo más costoso del mundo; y ese fue el eslogan que adoptó la compañía para autodefinirse: El espectáculo más caro del mundo. En efecto, 4 producciones simultaneas en 15 países en el Lejano y Medio Oriente, Asia, América y Europa a un costo de 1.5 millones de dólares más otros costos, equipos de iluminación, sonido, máquinas de hielo. La gran industria electrónica se enredaba con esta industria del entretenimiento: un solo show utilizaba 13 km de cables para conectar 6 toneladas de efectos lumínicos. Dicha inversión mercantil y la cantidad de consumidores (4.5 millones al año) era pregonada como sinónimo de calidad del producto. Los folletos que promocionaban el show en el Luna Park, ofrecían detalles al respecto. No era para menos, pues antes de que terminara la década, el Holliday festejaría 40 años de presentaciones en el Stadium.

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Muchos escenarios

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El Luna Park está habilitado como  “estadio deportivo cubierto”. Esto genera la obligación de habilitar cada espectáculo por separado. Ante cada nuevo show, hay que presentar un plano de planta del edificio completo, baños, puertas, butacas, escenario, camarines, etc; luego los inspectores verifican. Se debe confeccionar un plano para cada armado de escenario y disposición de butacas. En la imagen se puede apreciar el diseño y ubicación del escenario  en el centro del estadio, cuando la presentación de Frank Sinatra.

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Una diversidad de situaciones

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La historia del Luna nos permite observar diferentes facetas que ofrecía la actividad de los empresarios del espectáculo. Una de ellas tiene que ver con el negocio inmobiliario: hacia 1931 Ismael Pace y José Lectoure dieron con un baldío que primero alquilaron y después compraron a la empresa de ferrocarriles, Pacífico. Allí fueron construyendo el estadio, inaugurado entonces con solo tres tribunas y sin techo. Esto les impuso alternar sus exhibiciones entre el propio Stadium  y otras salas y clubes, particularmente durante los meses más fríos. Sin embargo, la propiedad de un espacio, les permitiría además alquilarlo a otros empresarios para que organizaran sus propios espectáculos, a instituciones u organizaciones políticas, para que realizaran sus actos y celebraciones, etc. Vemos así una diversidad de situaciones que van desde la organización de la temporada, pasando por la promoción de boxeadores, hasta el alquiler del Palacio.

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Llegar al espectador

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Los propietarios del Luna Park, necesitaban  -como otros empresarios del entretenimiento- herramientas de comunicación para hacer conocer y promover la cartelera del estadio, en una ciudad populosa.  Volantes entregados en manos o pegados en la puerta del stadium, avisos en diarios y otras publicaciones más afines, informaban las novedades, los horarios y los precios de las entradas. Sin embargo, una mirada más atenta, nos permite observar que, además de aquella información, digamos básica, había otra que buscaba reforzar la atención de la gente. La tipografía utilizada para el nombre Luna Park y su complemento, Palacio de los Deportes, la fotografía de la figura estrella del local, el anuncio de varios eventos en un mismo afiche, la utilización de palabras como “famosos”, “fantasía”, para arengar a los espectadores a asistir a una exhibición que se pretendía única en la ciudad, al mismo tiempo que de reconocimiento “internacional”. Eran todas estrategias de los promotores para que sus programas y publicidades se distinguieran.

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La prensa, la radio y los Seis Días en Bicicleta

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Agosto de 1946. El Luna Park es nuevamente el velódromo para otros Seis Días en Bicicleta. Para entonces, hace ya una década que la carrera-espectáculo está escrita en el gusto popular. Las publicaciones deportivas (como por ejemplo la revista El Gráfico) la incluyen en sus notas centrales, la gran prensa  la anuncia en sus secciones atléticas y por su parte, los organizadores del torneo sabrán repartir los programa-revistas, con sobrada información. Sin embargo, la configuración no se reducirá a los medios gráficos, pues la Radio, símbolo de toda esta época, se inmiscuirá en cada hogar, sitio de trabajo o donde quiera que se sintonice, llevando la competencia por fuera del estadio.

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La unidad de lo polifacético

1947-carnaval II

Los seis días en bicicleta, las exhibiciones del, mundialmente conocido, Circo de Moscú, la instalación de una enorme piscina para un ballet acuático, la gran pista de hielo para el Holiday on Ice, campeonatos mundiales de básquet,  recordadas presentaciones de los famosos Globetrotters, las decenas de campeonatos de boxeo por títulos mundiales, etc, etc, etc. Todos estos deportes-espectáculos, enfáticamente diferenciados, tienen una misma síntensis: la cuantificación de un público multitudinario, llamado al Palacio de los Deportes.

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Los ingredientes de la sensación

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Esta publicidad de una exhibición que presentaría el Luna Park, finalizando la década de 1930, expresa muy visiblemente, la mecánica de la producción cultural en la moderna economía. El show es dominado desde antes de su exhibición por toda una conceptualización. La publicidad (incluida además en un folleto de otro espectáculo que se ofrecía por entonces en el estadio) opera en ese sentido: dispara la función como una novedad que causará sensación ¿Cómo se sabe que motivará ese efecto? Es parte del concepto.  Así, el “conquistará a las multitudes” y el “como en Nueva York” se convierten en argumento de calidad del producto. Por otra parte, esa ambigüedad “deporte-espectáculo”,  aportará una diversidad de ingredientes, que buscará atraer a un público heterogéneo, antes de que el mismo espectáculo llegue.

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Entre el ritual y el espectáculo

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Desde fines del siglo XIX comenzaron a multiplicarse los espacios ceremoniales públicos y políticos, como por ejemplo los estadios deportivos. El marco era la nueva sociedad de masas; y los dirigentes políticos debían optar ahora por estrategias que los acercaran más a la población de votantes. El historiador Eric Hobsbawm nos recuerda que en Inglaterra, el Rey comenzó a asistir a la final de la copa de fútbol;  más tarde, Hitler pronunciaba sus discursos en el Sportspalast de Berlin, en EEUU y Francia los políticos hacían lo propio tratando de identificarse con la república. A su modo, el Luna Park de Buenos Aires, se inscribe en esa problematica, en un arco que incluye momentos tan disímiles como la presencia de presidentes, ministros y otros, las celebraciones de agrupaciones de inspiración fascista, al borde la Segunda Guerra, pasando por el festejo del aniversario de la revolución bolchevique. Ya en los años 40 y 50 la presencia de Juan Perón asistiendo a la veladas boxísticas del estadio y fotografiándose con las figuras más populares del momento, como José M. Gatica.

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Una vieja novedad

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EL año pasado, Batman, un espectáculo multimedia que combinó actuaciones en vivo, video, show de luces y efectos de sonido, desembarcó en el Luna Park. El Batman World Arena Tour, tomaba  uno de los iconos de la industria cultural y lo convertía en una “novedad”, planificada para ser saboreada por chicos y grandes y por fanáticos y familias de todo el mundo. Sobre audios y diálogos grabados en varios idiomas (para ser utilizados según el puerto del que se tratara), los acróbatas sincronizaban el movimiento de sus labios y sus gestos, en escenarios basados en la historieta original, pero ahora recreados exclusivamente para ser degustados como show.

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Los ruidos de la contemplación

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Los registros de la prensa suelen hacer referencia a la forma en que el público interviene en los espectáculos. Los llamados “espectadores”, participan a través de diferentes gestos, que en la prensa siempre es registrado en forma de sonoridad violenta, de ocupación tumultuosa del espacio, de cantidad, el frenesí, etc. Ahora bien, por lo general estos gestos del público se conjugan con momentos muy precisos en el montaje de los shows. Aquellos momentos en que el espectáculo es dosificado para que no decaiga. Así, una revista deportiva de los años `30 comentaba sobre los “Seis Días en Bicicleta”: las carreras previas fueron fácil  pretexto  para los gritos y los aplausos; y al anunciarse el comienzo de los Seis Días… el entusiasmo subió de punto

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Las palabras y los puños

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El estadio Luna Park es un producto de la sociedad a la cual entretiene. Su historia refleja buena parte de las contradicciones de los tiempos que le han tocado vivir. Asociado  generalmente, en el imaginario colectivo, al desarrollo del boxeo (rentado) en Buenos Aires desde la década de 1930; una actividad que por entonces se arraigó tan fuerte en el público, que se fue interiorizado en el lenguaje: “estar en la lona”, decimos cuando nos va mal; “nos salvó la campana” cuando logramos evitar un obstáculo por casualidad. El Luna mismo comenzaría, entonces, a formar parte del lenguaje, como mito de lo “popular”,  por ejemplo en diversas expresiones musicales, que van desde los tangos que marcaban al stadium como un mojón en la geografía de calle Corrientes, habitada por luces y multitudes, hasta el rock de fines del siglo XX, que avizoraban que una Buenos Aires sin Luna Park, sería como un mundo reinado por puros cálculos egoístas… aún más.