Polisémico

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La feria de atracciones Luna Park, en calle Corrientes 1066 de la ciudad de Buenos Aires

En los primeros años del siglo XX, en las grandes ciudades o  capitales de Europa y de los EE.UU., había comerciantes que concentraban distintos tipos de atracciones explotándolos como lugares de esparcimientos para multitudes. Por entonces Barcelona, Burdeos o París tenían su Luna Park -nombre que recibían esos espacios. Esta presencia y sus complejas construcciones podían expresar la riqueza y las fuerzas sociales de la urbe en cuestión. En el imaginario además funcionaba como un espejo por el cual una sociedad se comparaba con otra para intentar imitar algunas de sus formas o para destacar alguna falta. Por ejemplo, en los años ´20 Madrid miraba un poco deseosa el Luna Park de Berlín con su “lago de hierro” y su “ferrocarril cubista”. El Luna Park de Madrid era un teatro instalado en un ambiente más bien aristocrático, lugar de reunión de las clases acomodadas, en el paseo de la Castellana frente a la estatua de Emilio Castelar. Y aunque parte de su atractivo era una vistosa iluminación, su programa exponía fundamentalmente bandas militares. En cambio, en la más moderna Coney Island de New York, el Luna Park estaba ubicado en una calle junto a otros parques de diversiones, a los que se accedía por 10 ctvs y estaba construido con cartón y madera simulando ser piedra. Sus espectáculos estaban compuestos por circos ecuestres, toboganes, botes que recorrían por rieles y caían a un lago artificial. Además contaba con grandes salones de bailes y “ruedas de la muerte”. Por su parte, el primer Luna Park de Buenos Aires, entre 1912 y 1931, no fue precisamente un lujoso parque de atracciones explotado por un gran capital. Era más bien una especie de kermese itinerante por distintos baldíos de la ciudad, y con atracciones menores. La popularidad del boxeo y su organización financiera abriría otro sendero. Sin embargo, cuando posteriormente, comenzó a ofrecer también otros espectáculos internacionales, muchos artistas llegados a este escenario, algo confundidos por el nombre, creían necesario explicar insistentemente que lo de ellos era un show con encuadres teatrales, musicales  o al menos características diferente a lo que, en otras latitudes, esperaría verse en un “Luna Park”. Tal la polisemia de esta historia…

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