Pueblo

troilo II

Los bailes de carnaval componían un cuadro festivo que hacía pie en distintos sitios de la ciudad. Uno de esos puntos estaba en el Luna Park, cuyos promotores prestaban especial atención al gusto de un público heterogéneo.  De tal modo, la elección de artistas que animaran el espectáculo, estaba estrechamente vinculada a ese norte. No es casual, entonces, que “Pichuco”, y su bandoneón, fuera uno de los indicados. Troilo recibía el aplauso de las multitudes, al saber conjugar las notas “cayengues” (estilo de tango bailado en los suburbios), con la cadencia aristocrática de un vals. Si Anibal Troilo era presentado como la encarnación del pueblo, qué mejor armonía que animara las veladas de un estadio que solía soñarse como la casa del pueblo. 

1958-oprima-reducida

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